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Autor: Antolín Castro Cortés
11/02/2017
CIEN AÑOS DE VIDA

S

í, cien años de vida. Se dice pronto pero se puede decir. Y no me equivoco al proclamarlo puesto que quiero, y puedo, añadir a sus años de edad los nueve meses vividos en su gestación, que también son de vida, aquellos en los que se gestó la gran Leoncia que todos hemos conocido.

Leoncia Cortés Notario nos ha regalado sus cien años de vida. Y lo ha hecho siempre con una sonrisa en los labios. Siempre le pudo la amabilidad, la educación y el respeto para con los demás, que ella conjugó en una sonrisa. Con esas armas, sencillas, pero de gran sentido y eficacia, nos ganó a todos.


Antolín Castro con su señora madre, Dios la tenga en su gloria

Cuando digo todos no puedo ser más preciso. Somos muchos quienes llevamos su sangre, una gran familia que, siguiendo su ejemplo, permanecemos fuertemente unidos. Bastaba con verla para saber que junto a ese tronco, tan fuerte, era muy difícil se pudiera desprender alguna rama. El viento se atrevió a moverlas pero nunca a troncharlas. Eso y así era Leoncia, un tronco fuerte, muy duradero.

Y en esa larga duración fueron otros muchos quienes la conocieron. Fueron muchos quienes supieron de su generosidad para con sus semejantes. Muchos de quienes leéis o escucháis estas letras lo sabéis, como también lo supieron otros que partieron antes que ella.

No es posible que no la recuerde aquí como madre. De ella recibí y aprendí mucho. Culta de humildad y cariño, que es para mí la  máxima cultura a la que se puede aspirar. Era mi madre pero no en exclusiva, tuvo cuatro hijos y la exclusividad no podía darse. Pero en ese abanico que supone repartir cariño a más de uno nace y se expresa una gran experiencia. Tuvimos que aprender a compartir porque siempre se proyectó más allá, siempre se daba a los demás.

De ahí que tantos la conocieran. Su inquietud de darse a cuantos pudiera le granjeó cariño y amistad más allá de su familia. Por eso pudimos decir, y digo, que los cien años de vida fueron muy intensos y repartidos, como esos premios de la lotería de Navidad que hacen feliz a mucha gente. Tanta pudo repartir en tantos años, que es difícil que quedara alguien sin premio. No dejó pasar los años, los aprovechó para dar sentido de amor y vida a cuantos pudimos conocerla. Hoy creo que la palabra que mejor puede aglutinar y expresar los sentimientos de todos es, Gracias.

Parafraseando a Facundo Cabral: Leoncia no se ha ido, solo se nos adelantó porque para allí vamos todos, y lo mejor de ella, su amor y su cariño, se quedará para siempre con nosotros. 

100 años de vida… inolvidables.

 
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