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Autor: LINDA D'AMBROSIO
08/08/2017
LA NOCIÓN DE FRACASO

E

n días pasados estuve leyendo una entrevista con Arianna Stassinopoulos, autora de 13 libros, comentarista política y adversaria de Arnold Schwarzenegger en la contienda para elegir al gobernador de California. Estuvo casada con el magnate petrolero Michael Huffington, de quien conserva el apellido, que le da nombre también al archipopular periódico en línea que ella dirige: The Huffington Post.

Revisando el texto, me impactó una frase con la que coincido plenamente: “el fracaso no es lo contrario del éxito, el fracaso muchas veces es la piedra con la que te tropiezas en el camino al éxito”. Me sentí entusiasmada porque creo firmemente que el fracaso le da pistas a uno acerca de cómo llegar a la meta.Vamos a ver: no se trata permanecer impertérritos ante el fracaso, sino de encararlo positivamente. Ojo: rechazo esa resistencia a sentirse mal, lo cual es perfectamente comprensible en  ciertas circunstancias. Será falta de lectura, pero me desconcierta hasta la máxima budista según la cual el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. El sufrimiento no es gratuito: nadie fuera del ámbito del masoquismo disfruta con el sufrimiento.

Cierta psicoanalista ponderaba hace poco, conversando conmigo, la mala prensa que empaña la reputación de la tristeza.  Pareciera que sentirse mal, defraudado o frustrado, fuera inadecuado, gratuito y evitable, cuando en realidad lo loco sería sentirse bien ante eventos dolorosos. Se supone que debe de haber una correspondencia lógica entre el estímulo y la respuesta  y,  cuando no sucede así, hay que indagar por qué nuestra reacción no es la esperada, saber qué resorte pulsa esa situación que moviliza otras cosas nuestras allá adentro.

Pero la contemporaneidad rechaza el malestar, lo niega, condenándolo a ser recluido en ese altillo en  el que confinamos nuestros peores recuerdos, que permanecen allí, ignorados, hasta que un día nos da por subir la escalera y abrimos la puerta. Entonces, nos asaltan, nos agreden con saña,  en una retaliación contra  nuestra incapacidad para escuchar lo que tratan de decirnos y  contra nuestro temor a enfrentarlos.

Pobre, humanamente, todos somos víctimas del desaliento en algún punto del trayecto. Nos asaltan también la incertidumbre, el cansancio, el miedo. Sobreviene el descontento de cara a resultados inesperados. Y es aquí donde sí se impone la necesidad de hacer un buen manejo de la situación, una lectura apropiada de las circunstancias: detenernos, tomar nota de que ese no es el camino, retroceder y retomar  la persecución de la meta. Se cambian las estrategias, no los objetivos, sin renunciar a alcanzar nuestros propósitos.  Lo que nos falta a veces, es la paciencia. Queremos obtenerlo todo de inmediato.

Pero parece que no hubiera más que dos posibilidades: éxito o fracaso, al primer intento.Recuerdo una reflexión de Cortázar en Rayuela, que me marcó profundamente: “El solo hecho de interrogarse sobre la posible elección vicia y enturbia lo elegible. Que si, que no, que en ésta está... Parecería que una elección no puede ser dialéctica, que su planteo la empobrece, es decir la falsea, es decir, la transforma en otra cosa. Entre el Yin y el Yang, ¿cuántos eones? Del si al no, ¿cuántos quizá?

”Efectivamente: caemos en una visión dicotómica de las cosas, en la cual todo lo que no de cómo resultado ipso facto lo que esperábamos, se interpreta como fracaso definitivo, cuando en realidad  los resultados apenas reorientan el proceso y nos indican por dónde no hay que seguir. Es solo, como lo expresara Edison en un momento dado, “una de  las 99 maneras de no hacer una bombilla”.

 
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