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Autor: Isaura Díaz Figueiredo
06/03/2018
JUZGAR SIN CONOCER

J

UZGAR SIN CONOCER

¿Quién soy yo para juzgar? Nos pregunta a toda la sociedad Francisco. Juzgamos a las personas por su aspecto externo, por su apariencia, no nos molestamos en conocerlas, en saber que hay detrás de lo que puede ser  “la máscara”.

Conceder demasiada importancia a la imagen, a cómo nos verán,  qué opinarán los demás, mina la autoestima y propiciando miedos e inseguridades, además de incidir negativamente en la pérdida de referencias sobre uno mismo. Si yo me aíslo del mundo real, y tan solo permito ser conocida  desde una perspectiva, la única que proyecto, por ejemplo:Muchas parejas, tras convivir durante décadas, descubren que no se conocen en lo fundamental, en lo íntimo, aunque sepan al dedillo las manías y costumbres de su cónyuge.

Para proyectar nuestro verdadero YO, hemos de descubrirnos internamente, (no es fácil, requiere introspección y hacernos preguntas, a veces complicadas de responder sinceramente), atendernos, oírnos y amarnos. Y, desde este punto de partida...relacionarnos.

Quiero puntualizar que SER YO, no indica que siempre voy a tener el mismo comportamiento, no soy la misma en clase, en casa,  con amistades, ir de compras etc., debo adoptar las maneras convenientes en cada situación, sin dejar de ser nunca autentica y real, fiel a mí misma; para ello he de conocerme bien, reflexionar  y  tomar una decisión,  AQUÍ Y AHORA, de esta forma  debo ser mi mejor amigo, para poder ayudar  en la amistad y confidencia  del otro.

La apreciación externa no siempre es la correcta, lo que vemos  es su vestuario, su peinado, su coche, su forma de hablar… pero, ¿Y su personalidad? ¿Y sus sentimientos?

Cuando vemos a una persona por primera vez nos fijamos en su rostro, su ropa, su pelo y... si no nos gusta, ¡dejamos de conocerla! ¿Y si  resulta que comparte nuestras aficiones? ¿Es interesante lo que nos cuenta? ¡Lo dejamos pasar!, entonces perdemos una gran oportunidad que posiblemente no vuelva a darse.

En nuestra mano está dedicar más  tiempo a quienes  llegan a nuestro mundo y darnos la oportunidad de descubrir cómo son realmente...sin máscara ni afeites. El verdadero valor de las personas se encuentra en el interior.  

CUENTO INDÚ

Unos ricos terratenientes invitan al banquete de boda de su primogénito al Maestro Susufí, no se escatimará en  pompa y boato; el  anciano Maestro llega puntual a la cita, vestido con ropas de mendigo. El anfitrión, que no lo reconoció, lo hizo a un lado con gesto altivo, dice al jefe de servicio:

-Tachinquíkim, no podemos permitir que un mendigo se cuele en el ágape y ceremonia de mi hijo Sumafúa, échelo de la parte principal, dele un poco de arroz y sáquelo por la puerta de atrás, le he dicho que tenga mucho cuidado, que hoy recibimos al Gran Maestro, no permita que ningún desheredado se acerque y ensucie con su fetidez y ropas mal olientes la entrada por donde pasara el sabio. Estamos esperando su llegada,  es un gran privilegio contar en los esponsales de mi heredero, con  la presencia del gran Susufí, nada más descender del carruaje, hágalo entrar por la parte principal, que ha de estar  incensada con aromas a azahar, bergamota y miel. El maestro no debe rozarse con gente de baja estofa, inculta y zafia.

-Se hará como dice señor. Estén atentos, en cualquier momento aparecerá el Maestro. El viejo Sabio, muy apenado volvió a su casa, cambió sus ropas por el rico manto ceremonial y se presentó nuevamente. Desde el Primer empleado del hogar de los ricos terratenientes, hasta los anfitriones  hacen continuas reverencias de respeto y admiración  a la llegada del Sabio, se le  coloca en el lugar principal de la sala y dando el mejor puesto en el comedor. Allí, se quitó el manto bordado en oro y piedras preciosas, lo dobló y colocó sobre un cojín de seda amarilla  reservado para él.

-Os sentís cómodo admirado maestro -se dirige a él el dueño de la casa -Mi manto debe sentirse como si estuviera jugando en el jardín de Buda, ya que precisamente es al manto a quien habéis invitado a la ceremonia de vuestro hijo, a mí hace dos horas que me has echado de vuestra casa por la parte trasera, avergonzando de mi presencia.No dijo otra cosa, dejó el manto sobre el cojín y se marchó. 

 “No es la riqueza, ni los ancestros; sino una conducta honorable y sabia, la que hace grandes a las personas. La belleza exterior no es más que el encanto de un instante.

La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma (George Sand)

 
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