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Autor: LINDA D'AMBROSIO
12/03/2018
EL SUEÑO DE ERASMO

L

o comprendí perfectamente: “Es que Pedro no es mi ex. ¡Es mi familia!”, explicó. Después de un divorcio truculento, lo había llevado a su casa para acompañarlo a bien morir. Numerosas habían sido las desavenencias previas a la separación y a lo largo de todo el proceso que habría de conducirlos a recuperar, legalmente, su independencia. Pero ahora mi amiga deseaba encarar a su lado el penoso tránsito hacia una muerte prematura. Pedro era su familia y allí estaba ella, dispuesta a respaldarlo, sin más.

¿Quién duda de que ese rasgo de solidaridad, capaz de obviar los desencuentros, tuviera su raigambre en el más puro amor? Un amor diferente al de los primeros años, menos fogoso quizá, menos exaltado que ese estado transitorio y fulgurante que es el enamoramiento, pero no por ello menos sólido: amor, al fin y al cabo; preocupación por el bienestar del otro; entrega y compromiso.

Al mismo tiempo, la separación de la pareja no tiene por qué suponer el final del afecto y el apoyo hacia quien ha compartido con nosotros tantos años y nos conoce, probablemente, mejor que nadie.Ese tipo de situaciones sobreviene en parejas que han estado juntas durante mucho tiempo, en aquellas que se han casado siendo muy jóvenes.

Con el correr de los años, las personas crecen, evolucionan, y las circunstancias los van afectando de distinto modo. Desarrollan respuestas diferentes para los mismos problemas. En consecuencia, aquellos que en principio resultaban perfectamente compatibles o, por lo menos, habían conseguido mantenerse unidos pese a las vicisitudes, dejan de necesitar las mismas cosas.

Porque, finalmente, nuestra pareja es el copiloto para el trayecto de la vida, y si cada quien rema en una dirección diferente, la barca hace agua. Frente a esta situación, infinitas son las reacciones: callar, ceder, persuadir, imponer, huir, mentirle al otro o a nosotros mismos, negar ese vacío interior o estimar que nuestra estabilidad y nuestra zona de confort es más importante que otras necesidades en nuestra escala de valores. Renunciar a seguir creciendo o a entablar una nueva relación. Ceñirse a aquello de que más vale malo conocido que bueno por conocer. O simplemente amar: amar con ese amor que se traduce en el compromiso y el cuidado hacia la otra persona, sin importar las circunstancias.

La relación cambia, los roles cambian, y a lo mejor algunas necesidades van quedando desatendidas en cualquiera de las esferas en que se desarrolla la vida en común.Y este tipo de reflexiones es el que se plantea Erasmo, el protagonista de la más reciente novela de Edgar Paredes Pisani. “Lamentablemente, aun cuando sé que hay una sola persona cuya opinión me interesaría oír y que podría ayudarme a comprender esto mejor, prefiero quedarme así y que ella no se dé por enterada” diría para sus adentros.

Los silencios en una relación encubren insatisfacciones o temores, pero sobrevienen, y ocultan la verdadera naturaleza de la situación bajo una apariencia de normalidadLas casi cuatrocientas páginas que conforman El sueño de Erasmo constituyen una radiografía prolija y minuciosa de la vida en común de un matrimonio, desde sus inicios hasta la edad madura. El crecimiento personal de cada uno, y el desarrollo de su relación en el tiempo, constituyen el grueso de una historia en la que un sueño recurrente viene a estimular todo tipo de reflexiones.

La novela, que cuenta no solo con un excelente dominio del lenguaje, sino con la curiosa empatía del autor con Telma, la protagonista, a quien otorga una voz convincente y bien construida, se presentará al público este próximo jueves en Madrid.

 
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