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Autor: Isaura Díaz Figueiredo
13/06/2018
ROMPIENDO BARRERAS

L

os grandes enemigos del  ser humano son: miedo y temor. El miedo es el contendiente número uno, el peor detractor es… “uno mismo”. Fracaso, burlas, temor a la crítica, aislamiento, luego viene el LAMENTO.

Quien a lo largo de la vida no ha tenido que lamentarse porque “los miedos al fracaso, al que dirán” no paralizan un gran proyecto. Luego viene la parte plañidera..si hubiera llamado, si hubiera ido, pedido perdón, hablado con esta o aquella persona, si no dejara de hacer… era mi gran ilusión.

La paralización hace que dejemos de hacer “cosas”, olvidemos habilidades sociales, pericias, fomentando la inmovilidad frente a un peligro inexistente que acobarda al individuo  Resulta decepcionante para el bloqueado, ver como otras personas vencen sus temores, trabajan los talentos, reciben más y mejores oportunidades. Los temerosos que se dejan dominar por éste sentimiento, se le quitan las oportunidades que la vida brinda.

Vamos hacer un ejercicio muy sencillo y productivo para vencer los temores: preguntarse ¿Qué es lo peor que me puede pasar sí fracaso?: Burlas, críticas, rechazos, ser el hazme reír, que las personas sientan lastima…¿Será el final? o más bien, ¿Será algo soportable? Casi siempre es lo segundo.

Arriesgarse a vencer nuestros temores a pesar del resultado, descubriremos  con alegría,  lo hemos logrado.Ser una persona arriesgada, decidida, valiente… importa mucho. Demuestra que podemos vencernos, matar— El yo—Jamás lamentará haber derrotado sus temores. Estará dispuesto a aceptar retos. (Es mejor arrepentirse de lo que se hace, y no, de lo que se deja por hacer).

Crecerá, obtendrá madurez integral. Su espíritu y cuerpo, obtendrán incentivo para ser un triunfador.¡Decídase de una buena vez a hacer las cosas sin miedo! La sociedad, el país y el mundo, requieren gente con capacidad de decisión, aspire, láncese, anímese a actuar, nunca se siente, Inteligencia, sabiduría, intelecto, habilidades, creatividad, iniciativa, nos fueron dadas para ser desarrolladas, compartidas y aprovechadas,  alégrese por las metas alcanzadas.

CUENTO.

DANIELA.

Daniela llevaba tiempo haciéndose muchas preguntas para las que no hallaba respuestas. Su familia la había educado y enseñado a ser una princesa. Al principio resultaba divertido. Siempre estaba rodeada de lujosos y coloridos vestidos, tenía una habitación llena de juguetes, sus padres celebraban fiestas a las que acudía mucha gente, le traían todo tipo de obsequios. 

Ser princesa—Se pregunta Daniela al llegar a la adolescencia— ¿no es tan divertido cómo cuando era una niña? los otros niños  salen a jugar a la calle, al balón, la comba, tirachinas, rayuela ¿Y yo?—siempre había una voz que le recordaba—

Tú no, recuerda que eres princesa, mancharás el precioso vestido, confeccionado especialmente para ti, las princesas han de saber comportarse en todo momento, ni se te ocurra escalar en columpios, ¡fuera rayuelas!,¡ fuera coger algo de otras manos que seguro están o pueden infectarte!, el pelo ha de estar sedoso nunca enmarañado, ¡si tienes de todo!¿ a qué te quejas?— Daniela callaba—

Que sea la última vez que te veo en estos juegos y con esto niños—La palabra que oía a su alrededor era siempre NO: “No debes hacer esto”, “No está bien que te comportes de esa forma”… No, no, no… siempre escuchaba “NO”. Daniela, era una jovencita muy tranquila, nunca protestaba por las normas impuestas; ahora tocaba aprender a hacer sabrosos postres, pero lo que a ella le gustaba era comerlos, NO.

Daniela debe aprender a bailar,  bailes elegantes, pero ella prefiere el twist, el julajop. NO, Daniela NO debe bailar —esos bailes endiablados—, Ante la negativa, busca el silencio, jugar con sus lapiceros, la aguja, los pinceles.

Daniela aburrida de tantos Nos, quiere ser la princesa que sus padres dispusieron fuera. Triste y cabizbaja vaga  de un cuarto a otro, sube a la buhardilla y… ¡Sueña con todo lo que hacen los niños que dejan ser libres!, mientras Daniela solo escucha, no por aquí, no por allá, atada siempre a las severas y rígidas normas impuestas por su querida madre.  Al no poder romper las cadenas:

Deja de comer, de reír, de jugar, solo quiere estar sola, meditativa en su cuarto teje los dedos unos con otros, y piensa, piensa siempre lo desgraciada que es, sus hermosos y luminosos ojos verdes, se apagan. El cuerpo sufre, no hay parte que no duela, vomita, pierde el sueño, adelgaza, está malhumorada… entonces saltan las alarmas.

La familia empieza a preocuparse, la llevan al médico de casa,  y éste diagnostica algo incomprensible para la madre—Su hija necesita libertad, eso la hará feliz—Y así fue como dejaron qué Daniela saltara, jugara con el balón, —Aunque fuera juego de chicos—manchara sus hermosos vestidos con puntillas y lazos… y ante el estupor de su mamá, la risa y la alegría volvieron a la carita de la jovencita Daniela.

Isaura Díaz de Figueiredo Reflexión sobre el cuento.

Siempre hemos de tener una voz que nos diga…. —Lo mereces, lo vas a conseguir, eres libre, puedes, hazlo, llegarás alto…eso se esperamos de ti. Descubrió que las etiquetas que ponen sobre las personas, sólo sirven como límites, y que el SÍ, siempre es más divertido y enriquecedor que el NO.

 
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