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Autor: LINDA D'AMBROSIO
23/07/2018
LA PUNTA DEL ICEBERG

E

n primer lugar, es necesario mantener la mirada en lo que se desea hacer y buscar la manera de alcanzarlo. No permita nunca que el desaliento le lleve a abandonar sus metas.

Son casi las dos de la madrugada. Levanta el cuello del abrigo y enrolla en torno a sí la espesa bufanda color granate. Ha recogido las sillas, limpiado las mesas y puesto en el lavavajillas el menaje utilizado por los clientes de uno de los más emblemáticos locales de la Royal Mile. 

Llegó seis horas antes, tras desempeñar las funciones que le corresponden en una escuela de inglés cercana al pub, en la que también trabaja. Previamente ha estado en la biblioteca, adelantando el trabajo del máster en literatura que está cursando. A esa hora las alternativas no son muchas: o morir aterida de frío esperando un autobús que pasa cada hora, o ponerse en marcha y recorrer a pie, tras una intensa jornada de trabajo, los casi tres kilómetros que la separan de Leith, en donde tiene su casa. No le queda otra opción que regresar andando. 


He aquí el símbolo del saber

Así transcurren los días, matizados por la inserción en la agenda, de forma regular, de las frecuentes sesiones de pole dance. Tal vez de allí proviene su disciplina y su fortaleza: a los cinco años los entrenadores de gimnasia olímpica del colegio Mater Salvatoris pusieron en sus manos un sinnúmero de recomendaciones y un perro de peluche rosado antes de verla partir, para siempre, rumbo a España.

Comenzó a trabajar a los quince años. A esa edad, era ya una alumna aventajada de francés en la Escuela Oficial de Idiomas. Todo apuntó hacia ella cuando una de las profesoras del colegio en que estudiaba solicitó un docente para su hija, inscrita en un programa de profesores a domicilio para aquellos niños que por razones de salud no pueden asistir a clases. Se inició así su periplo laboral, con miras a recabar los fondos necesarios para hacer realidad su primera meta: una estancia Erasmus en otro país.

Pronto rentabilizó el esfuerzo de tener que emplear sus tardes estudiando francés, lo que a su vez ocasionaba que permaneciera hasta la madrugada atendiendo sus otras obligaciones académicas. A pesar de ello, sus excelentes notas permitieron que cursara su carrera sin desembolsar ni un centavo, haciéndose acreedora, un año tras otro a la Beca de Excelencia que confiere la Universidad Complutense de Madrid, que reconoció oficialmente su valía al obtener las calificaciones más altas de su promoción y de su Facultad. 

Estuvo a punto de echarlo todo por la borda cuando, pese a sus méritos, le denegaron una de las más importantes becas otorgadas por una institución privada en España, por pertenecer al área de letras. Sobrevino entonces la inquietud de conocer Asia, y se trasladó al único centro que admitía que ella hiciera un voluntariado sin necesidad de realizar un desembolso económico, en Vietnam. 


Un grupo de jóvenes licenciados

Entonces la Universidad de Edimburgo, a la vista de sus logros, le otorgó una beca para que continuara sus estudios de post grado, que concluyó con honores tras compatibilizar la rutina del bar, la escuela de inglés y el pole dance con que empecé esta historia. Es una venezolana más, sobreponiéndose a las vicisitudes de la migración. Es la hija de los hijos de la diáspora, triunfante. 

Ha recorrido 29 países en 25 años. Cuando la gente la ve en las redes simpatiza con su dinamismo. Pero ven apenas la punta del iceberg. Ignoran las horas de sacrificio, de desarraigo, de soledad, de trabajo intenso sobre las que se sustentan sus logros. 
Valdría la pena señalar, a modo de moraleja, varios aprendizajes contenidos en esta historia. 

En primer lugar, es necesario mantener la mirada en lo que se desea hacer y buscar la manera de alcanzarlo. No permita nunca que el desaliento (ni el propio, ni el que le instilan a su alrededor) le lleven a abandonar sus metas. Y muchísimo menos la falta de dinero: eso es una de las pocas cosas que se pueden solucionar. 

Segundo: no se engañe. Tal y como dice el adagio, el único lugar en que el éxito aparece antes que el trabajo, es en el diccionario. No piense que hay personas que lo tienen más fácil: simplemente usted está viendo solo el resultado, y no el proceso. 

Tercero: ¡Padres! ¡No sucumbáis ante los vaticinios desafortunados de los agoreros! A la protagonista de esta historia, que ha recibido casi todos los premios académicos que se confieren en España, le auguraron en el colegio un porvenir sombrío. Por cierto que uno de sus tutores resultó ser un joven que también había sido desahuciado por el sistema educativo, a pesar de lo cual se graduó con honores y llegó a ocupar un cargo directivo en una de las más importantes universidades del Reino Unido. 

Y cuarto: resulta mucho más llevadero el proceso, cuando el trabajo repercute a favor de terceros, alumnos, condiscípulos o alguna otra causa, que en este caso era de índole animalista. 

Le agradezco a esta joven su lección de resiliencia, de constancia, de fortaleza, de capacidad de enfocarse en lo que se quiere lograr y de valor. Un caso más, made in Venezuela.

*Hoy en día vive en China, donde trabaja como profesora de inglés, disfrutando.

 
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