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Inés del Monte Participante en el I Premio Cabral de Literatura

 
Autor: Inés del Monte
30/03/2011
Relato a concurso en el I Premio Cabral de Literatura
¿VAGABUNDO O PROFETA?

P

or un momento olvidó los temores que sentía hacia la muerte. Muchas fueron las noches que había pasado en su humilde cuarto a oscuras, pensando en ese temible fantasma. Había escuchado hablar de la importancia que tenían los pensamientos cuando se ponían en palabras habladas. El tal asunto había quedado grabado en su cabeza y a menudo recordaba lo dicho por El Vagabundo.

Ella admiraba mucho a este personaje que era un hombre de apariencia despreocupada, que pasaba la vida de un lugar a otro y de una casa a otra casa, pidiendo limosnas y conversando con sabias palabras. Dormía en cualquier parte donde le sorprendiera la noche. La niña sentía un especial cariño y respeto por este sujeto al cual todos llamaban El Vagabundo. Cuando él se detenía en la casa de sus padres, ella procuraba darle el plato bien repleto de los alimentos que cocinaba su madre. Esa noche, estaba pensando más que nunca en las palabras que él le decía.

–“Los pensamientos y las palabras tienen una relación importante de mucho poder, para que se realicen los deseos de nuestro corazón. No se debe jugar con las palabras ni decir las cosas sin antes pensarlas bien. Cuando yo era muy joven y de eso hace mucho, mucho tiempo, escuché un adagio que rezaba así: "No hay mejor palabra que la que no se dice. 

La mayoría de las veces lo que se piensa se convierte en realidad, si es que se desea de verdad y ardientemente. Si se repite un deseo en el pensamiento y se manifiesta en palabras lo más probable es que ese deseo se cumpla. Si al contrario, se desea que una acción no pase, no lo piensas ni lo dices. ¡Todas las palabras tienen poder y el poder no es ni mala ni bueno, simplemente es poder! Aprende a escuchar con detenimiento y si quieres hablar medita bien lo que vas a decir. De esta manera aprenderás a ser sabia y a conocer al género humano que somos tan complicados y tan difíciles de entender.  No olvides el adagio que dice “en boca cerrada no entran moscas”.

El Vagabundo me dice que se debe poner fuerza y confianza en las peticiones. Me encanta hablar con este hombre, que me parece un poco extraño y muy diferente del resto de los mortales que conozco. No me asusta para nada su presencia, aunque esté vestido con ropa muy traposa. Es tan pobre que no tiene dinero para comprar ropa bonita. Mis hermanas y mis primos sienten miedo cuando lo ven venir y salen corriendo a esconderse. Dicen que es malo, feo y apestoso y que se roba a los niños, como si fuera "el cuco". ¡Ninguna de esas cosas que dicen de él es cierta! A mí no me importa lo que la gente diga, su compañía es muy importante para mí. Dentro de mi ser, sé que no puede ser malo un hombre que sabe tantas cosas bonitas. Si fuera un hombre malo no tendría esa luz tan especial que a veces le veo salir por los ojos y que ilumina su persona. Mis padres le tienen mucha confianza y lo tratan como si fuera un amigo muy especial. A veces le piden consejos y hablan por mucho rato. Yo creo que lo conocen desde siempre y he escuchado decir que en su juventud fue un "letrado", bien instruido. Unos comentan que ocurrió "algo" que le cambió el rumbo de su vida. También he escuchado decir que tan inteligente fue, que se le soltó un tornillo de la cabeza y decidió dejar los afanes del mundo para vivir una vida simple. He tratado de preguntarle a mi madre pero ella dice que no me debo meter en averiguaciones de la vida de las demás personas. Lo más que logré sacarle sobre él, ante tanta insistencia fue "que el destino de cada persona no puede ser cambiado y que hay que respetar la decisión de cada cual para vivir la vida que más le satisfaga”. Me he visto a punto de preguntarle a él mismo pero me da pena de que pierda la confianza en mí.


 
No entiendo casi nada de esas "cuestiones" de la gente adulta ni lo que quieren decir y lo que me importa es que mis padres me dejan conversar con él. He pensado que cuando yo sea grande me gustaría vivir como vive él, que va de un lugar a otro y de pueblo en pueblo. Me encanta su mirada, que es diferente a todas las demás. No lo veo sonreír mucho, pero en algunas ocasiones en que le hago muchas preguntas, aunque sean muy difíciles, me las contesta con un gesto o mueca que interpreto que sea una sonrisa. Todas sus respuestas las entiendiendo mejor que cuando me las contestan los maestros de la escuela. Por eso al pensar que no debo mencionar el tema de la muerte con mis hermanos, para que no se materialice, pensé mucho en mi amigo El Vagabundo.

Esa noche, cuando supe que mi mamá no iba a morir, dormí como hacía tiempo no lo hacía. Los fantasmas de la noche se alejaron de mi cabeza y antes de quedarme profundamente dormida pensó en mi misterioso amigo. Tenía unas cuantas preguntas que quería hacerle, cuando pasara por la casa. Le preguntaré cuál es su nombre cristiano. La intuición me dice que un hombre tan sabio debía de tener un nombre interesante, como era él. No puede llamarse Don Este, o Don Aquel, como lo nombraban todos. Le preguntaré sobre el de mi familia y el mío. Escuché decir que él sabía adivinar las cosas que pasarían en el futuro, como si tuvieras las facultades para profetizar. Yo quiero saber si llegaré a ser maestra y si viajaré a otros lugares del mundo, lejanos y misteriosos. Si él logra decirme lo que quiero saber de mi futuro, sé que seré feliz. Ya se acerca el tiempo en que mi amigo aparece por estos lares. Lo estoy esperando con impaciencia. Este año ha venido tres veces, en otoño, invierno y primavera. El verano pasado vino en junio o julio. Lo recuerdo muy bien, porque estábamos en vacaciones de la escuela y ese día yo me encontraba en la quebrada. Estábamos haciendo una represa en la parte que estaba más ancha y honda. Parecía, en vez de quebrada, un río. Por poco y Don Este se va sin verme. Preguntó por mí y Mamita le dijo que me encontraba con mis hermanos, felices de la vida limpiando el Charco. Me llamó y llegué corriendo como una guinea, sin esperar por los muchachos. Logré conversar algunos asuntos con él. Tal vez me interesan lo que él me dice, porque estoy madurando, como dice mi madre.

El Vagabundo apareció por la casa cuando ya había dejado de esperarlo. Nos contó que había estado muy enfermo por varios meses y por eso no pudo hacer el recorrido habitual. Se le veía débil, demacrado y estaba casi con los huesos "pelaos". Sin que nadie me lo dijera, supe que su enfermedad era mala y peligrosa; pronto se iba a morir. Tuve ese mal presentimiento y no me atreví a comentarlo con nadie. Aún así, como estaba de debilucho, contestó a todas mis preguntas sin fatigarse. Demostró el mismo interés de siempre en su charla. Esa noche la pasó en nuestra casa. Mamita le preparó una cama improvisada en la barraca. Yo fui la encargada de atender a sus necesidades elementales y lo atendí lo mejor posible. Siempre me había gustado mucho la costumbre de hospitalidad que heredaron mis padres de nuestros antepasados, de darle amparo y cobijo a los vagabundos. Para mí esos seres que caminan por todo el mundo sin tener apego a nada, me parecen que son los seres humanos más interesantes y se merecen ser tratados con respeto y cariño.

Mi amigo siempre me pareció un hombre especial, inteligente y muy sabio. Me aproveché para preguntarle todas las cosas que para mí eran  importantes saber. Lo primero que le pregunté fue su nombre de pila. Se me quedó  mirando con cierta sorpresa y luego de permanecer callado por un rato me dijo cual era su nombre. Esta vez la que me quedé gratamente sorprendida fui yo, porque comprobé que tenía razón cuando pensaba que su nombre era interesante.

Me contó muchas cosas sobre su vida. Al nacer, sus padres escogieron llamarlo con el nombre de Facundo Germain. También me dijo que hacía mucho tiempo que nadie le preguntaba por su nombre y casi se había olvidado de quién era en realidad. Tal vez por eso no le daba tanto valor a la importancia personal, que es lo que hace que las personas se crean mejor que los demás y tiendan a ser egoístas. Me dio las gracias por el detalle de querer saber sobre su persona. Me dijo todas esas cosas que me parecieron muy bonitas, las cuales no entendí muy bien y así se lo hice saber. Se echó a reír y nunca lo había visto tan alegre. Él puso énfasis cuando me aseguró que tal vez en ese momento no entendiera lo que me estaba diciendo, pero que cuando fuera una mujer de conocimientos, sí lo entendería, aunque él no estuviera presente.


 
Cuando me dijo esas palabras proféticas, me sentí alegre y triste al mismo tiempo. Alegre, porque él pensaba que yo llegaría a tener conocimiento y triste porque me dijo que él no estaría conmigo. 

Le dije: –“¡Siempre vas a estar muy cerca de mi corazón y nunca te voy a olvidar!”

Lo vi ponerse muy emocionado al escucharme y cogiendo mis manos entre las suyas me dijo en un susurro:

“Esta tarde voy a decirte algunas cosas importantes que no debes olvidar nunca, porque tal vez algún día quieras escribirlas.”

Lo miré, también emocionada y me fijé que a pesar de que estaba vestido con harapos, que le daba una apariencia triste, me era muy agradable contemplarlo tan cerca de mí. Pensé,  para mis adentros, que si fuera una mujer adulta de seguro que me enamoraría de él, pero como era una niña, sólo podía amarlo como a un maestro. Me contó muchas cosas que según él, me pasarían en mi futuro lejano. Aseguró que mi vida estaría llena de aventuras interesantes y que mi deseo de ser como él, se cumpliría, aunque de diferente manera. Yo viajaría, no solamente de pueblo en pueblo, sino de estado a estados y de continente a continente, muy lejos de nuestra tierra. Me dijo, además, que mi vida sería larga y que entre risas y llantos, llegaría lejos. Todos mis sueños se cumplirían, si ponía empeño y coraje para llevarlo a cabo.

Me profetizó que mi vida sería la de una gitana, la cual viviría con intensidad, disfrutando mucho más de lo que pudo disfrutar él. Miró las palmas de mis manos y trazó con sus dedos varias señales que no entendí, pero que igual me emocionaron. Cuando él hizo eso, sentí que de sus manos salía un calentón que recorrió todo mi cuerpo. Me quedé callada, sintiendo que se me formaba un nudo en la garganta, porque sabía que me estaba ofreciendo una bendición especial, cómo si con el toque de sus manos, me transmitiera parte de su sabiduría. Me miró al fondo de los ojos y sentí un grato cosquilleo, porque de su mirada salía la luz, tan peculiar que a veces había visto en ellos. Me dijo sin soltar mis manos:

–“¡Querida niña, Pico de oro! ¡Qué orgulloso me siento que seas mi amiga y de que tengas esa sensibilidad tan tuya siempre a flor de piel! Estudia mucho y nunca dejes de ser tú misma. Mis pensamientos te acompañarán siempre, a través del tiempo y del espacio. No te dejes arrastrar por las apariencias, que muchas veces suelen ser engañosas. Aprende a discernir, profundizando y analizando detenidamente tus actos y tus decisiones.”

Me sentí feliz con todas las enseñanzas que estaba recibiendo y mucho más cuando me confesó que yo era la mejor amiga que había tenido, a pesar de la diferencia de edad entre nosotros. Me parecía que todo lo que me estaba diciendo eran palabras mágicas y no realidades; pero al mirar sus ojos, sabía que si él lo decía, tenía que ser cierto. Toda su conversación me pareció extraña a pesar de que disfruté cada minuto de su charla, como nunca antes. Esa noche, acostada en mi camastro, reflexioné mucho y no pudiendo aguantar la tristeza me dormí llorando. Me pareció entender que sus palabras eran una formal despedida. Al encontrar su mirada tuve el presentimiento de que sería la última vez que lo verían mis ojos. ¡No me equivocaba!


La vida fue pasando lentamente en el vecindario. Han pasado los meses y mi amigo no da señales de vida. A veces pienso que debe de estar enfermo. Desde la quebrada le he mandado mensajes de amor, a través del viento. Necesito volver a ver a mi amigo para contarle el montón de inquietudes que tengo. Comencé a investigar a diestra y siniestra, sobre él, pregunté a todos los adultos conocidos. Nadie sabe darme noticias de su paradero, como si se lo hubiese tragado la tierra. Por ello estoy muy triste. Presiento que algo malo le está pasando.

La joven quería volver a ver a su amigo y esa noche, luego de llorar con sentimientos profundos, le pidió a Dios y a todos los ángeles que ayudara y ampararan a su amigo. Sus emociones eran demasiado fuertes para ella sola y pensaba que nadie podía comprender el dolor de su tierno corazón. Eso pasa muchas veces con los adultos, que piensan que los niños no sufran.

Han pasado más de “cincuenta” años en el tiempo y el espacio. Aquella niña ya es una mujer que ha llegado a los sesenta y dos años de edad. Ha vuelto a contemplar su amada quebrada que fue testigo ocular de sus ilusiones de juventud. Sus aguas ya no corren con la fuerza de antaño, porque su cauce está casi seco. ¡Están tan lejanos aquellos años ingenuos y felices! Su semblante y sus gestos eran los de una mujer segura de sí misma. En el fondo de su mirada se reflejaba el mismo brillo de aquel amor temprano. La expresión de sus ojos era el mismo de la niña aquella, que todavía vivía en su interior y que no quería desaparecer. En todos esos años había tenido muchas vivencias amargas y también felices y había aprendido mucho. Ya sabía quién fue realmente su admirado amigo y porque la acompañaba siempre a lo largo de su vida.
Unas indiscretas lágrimas de nostálgico amor brotaron de ellos, sin que pudiera evitarlo. Los recuerdos lejanos la envolvieron en una mágica y perfumada estela de ensoñación. Los padres tan adorados se habían ido hacían muchos años, en busca de nuevas experiencias espirituales, en otro planos de existencia, siempre en ascendente evolución. Muchos de sus sueños se cumplieron con crece, como aquel de adquirir una carrera universitaria.

La mujer se queda pensativa, mientras le llegaban imágenes del pasado. Recuerda al vagabundo que le enseñó las primeras bellezas de la vida. Supo que aquel hombre de mirada extraña, murió de tuberculosis, poco después de aquella entrevista memorable con la niña, que fue ella. Lo encontraron muerto en el recodo de un camino cualquiera, por esos mundos de Dios que él recorría. En aquello camino donde dejó tantas enseñanzas y sus huellas imborrable. Como nadie reclamó su cadáver, fue sepultado en un cementerio de aquel desconocido pueblo, en una fosa común, sin nombre ni apellido. La niña que es ahora una mujer se sonrió al recordar a su amigo. Ella tuvo el privilegio de saber su nombre y de leer en su mirada un mundo de enseñanzas. El Profeta fue su primer Maestro espiritual; el que profetizó que sus sueños se convertirían en realidad.
 
La brisa fresca de la tarde pasa a su lado para dejarle una caricia. Se estremeció al sentir la presencia del espíritu de Profeta, que le mandaban su energía desde ultratumba, y que se acerca a ella junto, a la quebrada de sus sueños. Sacó de su bolso libreta y bolígrafo y comenzó a escribir…

 
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  Autor: Marta 03/04/2011
 
Inés:

No me consta que sea tu nombre real...quizas sea un seudónimo...

No sé tampoco el porqué me emocionó tanto tu relato...Aunque siento que ese Vagabundo tuyo es un compendio de varios seres maravillosos que se han cruzado conmigo.

Me resultó tan intenso...!!!
Cuando aún no he podido leer a los demás participantes a este Concurso...y hoy decidí comenzar contigo...

Sinceramente,si eres solo una de las candidatas y los demás se asemejan...en intensidad...Vaya labor que han de tener los Miembros del Jurado...!!!Bendito!!!

Te felicito amiga...!!!
Vaya calidad...!!!