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Daniel Rodríguez Participante en el I Premio Cabral de Literatura

 
Autor: Daniel Rodríguez
01/04/2011
Relato a concurso en el I Premio Cabral de Literatura
EL JUGUETE

N

ació en una pequeña fábrica familiar, modesta pero acogedora. Había sido el fruto de una imaginación de su tiempo, de una mente perfumada a viajes interplanetarios, con olor a caótico turismo espacial. Era el heredero de una larga estirpe dorada, orgullosa, deseada y creada para servir a sus pequeños amos.

El molde se había llenado con el resplandor mismo del espacio, vaciando al sol derretido para darle aquel toque característico, cobrizo, como bronceado en las playas mismas del mar de Marιϊs. Fue puesto a la venta durante la última temporada vacacional y pronto vería el escape de la iluminada y monótona vitrina, para sentir el viento y la noche, la cariñosa luz de las estrellas, la sombra proyectada por las lunas.

Había sido adoptado, momentáneamente raptado por algún rapazuelo envidioso, y heroicamente rescatado para volver a la mansa servidumbre para la que había sido ingeniado, creado, puesto en venta y, finalmente, comprado. Los días transcurrieron entre trabajos pesados y abrumadores, pues las más de las veces debía levantar pesadas piezas con sus brazos terminados en tenazas, transportándolas a algún camión, carguero o nave espacial a escala. Le acompañaba un ejército de otros diminutos servidores pero, tal vez, la comunicación estaba vetada pues ninguno hablaba, ninguno parecía interesado en  establecer el contacto… Quizás no sabían hacerlo… Quizás sí, pero en otras lenguas binarias, remotas y desconocidas, provenientes de las estrellas o de más allá de éstas, lejos, muy lejos.

Día a día el niño le obligaba a ejercer su función, manipulándolo para hacerlo levantar y cargar pesados objetos como varillas, cubos, piezas de armotodo. Haciéndole marchar sobre sus dos piernas con pies terminados en una doble pinza combada hacia dentro, de aquí para allá, infatigablemente, colaborando en la construcción de pequeñas estaciones espaciales, ubicadas en el patio trasero, bajo el sol abrasador y bajo la fresca brisa del atardecer, al amparo de las luces de la casa, bajo un cielo pirotécnico. Vio partir las pequeñas naves que nunca tripulaba, maniobrando sobre su cabeza ovoide con sus enormes ojos cónicos y saltones. Interesado, triste, ansioso, escuchó el silbido de los motores y las esporádicas explosiones de los cohetes propulsores, las ordenes provenientes del interior… Los comandos… Las coordenadas. A veces todo el ajetreado crear y cargar y construir y reconstruir se detenía de súbito, era cuando la madre llegaba con panecillos y refresco de cola, entonces cada cual tenía su descanso, permaneciendo inmóvil, recuperando el aliento… y la energía.

Una mañana, inesperadamente, hubo silencio. Todos estaban allí: las excavadoras con sus patas de araña, los camiones-oruga, los cargueros movidos por la propulsión de las turbinas y las grúas de incontables brazos como octópodos mecánicos, los tanques y los contenedores, las mangueras, las piezas de armotodo y arriba, muy arriba, en lo alto de la repisa, los cohetes plateados y las naves esmeraldadas; todo, sin embargo, estático y silencioso. En la casa se escuchaban ruidos, pisadas afanadas y pequeñas carreras. Se percibía cierta tensión en el entorno y en cada quien pero, dado el escaso tiempo trascurrido allí, era difícil imaginar qué estaba por ocurrir. Las pequeñas máquinas alrededor parecían indiferentes a aquel ajetreo, algunos hasta parecían dormitar. Algo estaba por suceder.

Una mano pequeña le atenazó por el torso y sintió la calidez de su contacto sobre el contorno cuadrado de su pecho, le asió con fuerza, sus brazos puestos hacia arriba, las piernas desnudas e impotentes sobre el aire. Se alejó con él pero, ¿hacia dónde? Apenas si tuvo tiempo de echar una ojeada para ver cómo los demás permanecían en su sitio, inmutables y complacidos. De allí en adelante el tiempo y las acciones sucumbieron al vértigo y pronto estaban todos: padre, madre e hijo rumbo al puerto espacial, abordando una nave de turismo planetario.

Adosados junto a una ventana él y su amo, vieron los cohetes escupir chorros de chispas, bramando y silbando a través de la tinta negra y silenciosa del espacio… El espacio… El cosmos… Lo infinito. Ahora comprendía todo, incluso el por qué de su creación; para esto habían sido construidos él y los demás, sus antecesores y los que vendrían después, incluso cuando él no existiese. Serían mejores y más fuertes, más esbeltos y más rápidos, quizás tendrían alas poderosas para levantar el vuelo, como las naves, alto, muy alto… Quizás, ¡ojalá! Podrían modular más allá del lenguaje binario… Quizás.

La nave cruzó tronando la atmósfera, dejando tras de sí una estela color rojo como el de las estrellas enanas y rosa encendido como las luces del amanecer, y aterrizó humeante y sofocada y jadeante sobre una nube de polvo claro y fino. Todos descendieron alborozados, sin cascos plateados ni escafandras con oxigeno a inyección, estaban sonrientes y radiantes como el clima mismo. Un pensamiento de bienestar le embargaba ahora, había sido llevado de vacaciones a un planeta desconocido, alejado pero poblado de turistas; plagado de familias y niños con sus juguetes extraños, foráneos, alienígenas. Todo bullía allí, carpas y sombrillas de muchos colores se extendían a lo largo de la playa, inmenso dragón policromo, tendido hasta el horizonte; se escuchaban risas y gritos de felicidad, grandes balones y trajes inflables acompañaban a la multitud.

Una estrella enorme, colgada en lo alto, inundaba el planeta con su fulgor, calentando el ambiente y haciendo que tomara temperatura su piel fría, aleación de aluminio, bronce y níquel. Fue, al parecer, el rey de un tosco castillo de arena que pronto había sido derruido por dos muchachas eufóricas que habían pasado corriendo tras un balón; permaneció hundido durante tiempo indefinible en la arena y notó cómo ésta se tornaba más fría a cada momento. Pasó el tiempo, los ruidos se acallaron, todo se sumió en el profundo silencio del abandono y una súbita marea descubrió parte de su cabeza ovoide y su torso cuadrado. Era noche, el cielo se había aderezado con su traje de luces, arrullado por el océano calmo que con suavidad le platicaba sobre sus anhelos y desamores. Había quedado solo, no había nadie más allí. Una nave cruzó el velo espacial a lo lejos, iluminando tenuemente el firmamento, acariciando las estrellas… El mar reprodujo momentáneamente su paso sobre la superficie.

Era el único en aquel planeta vacacional que sólo podía ser visitado cada año, un día por vez, pues mañana el océano se helaría, su estrella tímidamente se ocultaría y ráfagas heladas arremolinarían el aire y lo mezclarían con el polvo. Todo se tornaría gris y blanco, llovería herrumbre, nevaría ceniza, pero no importaba pues nadie estaría allí para observar este espectáculo conmovedor, triste y extraño. Sólo estaría él, bronceado a pesar del hielo gris y blanco, semienterrado observando el espacio lejano que poco a poco se derretiría en un diluvio de zinc, mientras la mar oscura como el plomo lo recibiría para iniciar el proceso de la creación, como al principio, cuando no había nadie para presenciarlo.                                                                       

 
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  Autor: NuEZJOM5 12/12/2015
  me da la impresi n que la moda de ptniar cada estancia de un color est pasando. En mi pr xima vivienda, paredes blancas! no es que me preocupe ir a la moda pero veo que es m s facil decorar as ya que puedes jugar m s con los colores en los detalles.  
  Autor: IblKWQo238 09/12/2015
  Feliz Navidad, familia!!! Os deseo que sige1is sindeo al menos tan felices como ahora o incluso me1s!, que tenge1is salud para disfrutar esa felicidad, y que el Af1o Nuevo venga cargadito de cosas buenas, nuevos proyectos y emociones para toda la familia! Un beso enorme!Pd.: Dani, las galletas llegaron a destino y mi madre no sf3lo se las comif3 sino que las compartif3 con todos sus enfermeros y me9dicos! Ella es ased, en la UCI y repartiendo galletas! Gracias a Dios ya este1 en casa y maf1ana me voy para Sevilla a estar con ella!  
  Autor: cpLgmUhOoVv 04/12/2015
  I think you've just captured the answer peelcrtfy