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Macehualtín de la Mora Participante en el I Premio Cabral de Literatura

 
Autor: Macehualtín de la Mora
20/04/2011
Relato a concurso en el I Premio Cabral de Literatura
SUCEDIÓ EN AZTLÁN

F

ue en Aztlán una de esas noches en que Coyolxauhqui nos ilumina con sus rayos de plata bajo la majestuosa oscuridad de Tezcatlipoca y el camino de leche que tiende Mixcoatl, podía respirar el olor a zacate fresco liberado por Xiuhtecuhtli, como el que se respira en el Papaloapán o el Lerma.
 
Esperaba ver la guerra de Coatlicue madre de Huitzilopochtli o tirarme a los brazos de Tlazolteotl y brindar con Ometochtli, también seria incluido en mis brindis Mayahuel  por el buen mezcal.

Al estar tan cerca de Chalchiuhtlicue reposándome en una palmera mirando a Centzon Mimixcoa y Huitznahuac no podía encontrar un seudónimo que me gustara y así pase la noche hasta que caí dormido.

En la oscuridad de mi sueño escuche a Quetzalcoatl llamarme, - acércate macehualtin te enseñare un canto azteca -, me quede perplejo, mudo, solo pude contestar gracias por venir a Aztlan y Quetzalcoatl comenzó su canto difícil de comprender en mi ignorancia.

"A este mundo venimos a dormir,
Venimos a soñar, porque no es verdad,
No es verdad, que hayamos venido
Para vivir la realidad"

Tonatiuh se unía al canto, después Xiuhpiltontli, y así vinieron Tonacatecuhtli, Mictlancihuatl, Ometeatl, Tlaloc y Anahuac para formar un coro con el acompañamiento del Huhuetl, Ayacahtlis, Teponaztli, Atecocollis y Tlapizallis. La divinidad de la música acariciaba mis sentidos. Después llego Tenoch y detrás de el los Pipiltines con los Ocelotes, Los comerciantes Pochtecas y Tlanamacanis, Los Mayeques o jardineros, Los Tlacotines algo así como los inmigrantes de hoy en día. Repetíamos todos unidos el verso sin parar, sentíamos que esa era nuestra realidad.

Tras saludar a Tenoch nos regocijamos en esa tremenda fiesta hasta terminar exhaustos por las danzas sagradas y nos tiramos al descanso con los Huehuetque, los jefes de los Calpullis y su Tlacatecuhtli, quienes me mostraron como jugar Patolli y el volador.

Por un momento me encontré a solas con Quetzalcoatl y me atreví a preguntarle porque me llamaba Macehualtin su respuesta fue Macehualtin tú eres el plebeyo, el campesino libre, eso es lo que significa tu nombre.  Me sentí honrado, di un gran suspiro de orgullo y proseguí soñando hasta que al amanecer. Tlahuizcalpantecuhtli me trajo la luz del sol dejando atrás la oscuridad de Tezcatlipoca y la alegría insaciable de mi sueño.

 
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