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Darío Olivo Participante en el I Premio Cabral de Literatura

 
Autor: Darío Olivo
10/05/2011
Relato a concurso en el I Premio Cabral de Literatura
SOBRE EL AMOR DEL NORTE Y ELCARIÑO DEL SUR. UN CUENTO QUE NO ESTABA BIEN

P

odría mencionar que cada historia de amor es única, así como las personas. Que los sueños se hacen realidad y muchas veces superan nuestras ficciones.  Aun la recuerdo, yo llegaba a un congreso en Sudamérica, mientras que esperaba encontrarme con algunos colegas conocidos en distintas redes sociales. Estaba ella, ahí, tomando un vaso de agua, platicando con sus compañeros de universidad, una sonrisa larga, los ojos color arcoíris, tez blanca como la luna y un pelo tan rojo que causaba una gran atracción a mi visión sobre la distancia. Y yo olvidando a mis compañeros de universidad me atreví a acercarme lo más que pude y dije un sorpresivo “hola”, esa palabra tan sencilla, me dio al fin la oportunidad de establecer una conversación con ella.

Hablamos y hablamos por horas, ella del sur de un país largo pero pequeño, con una vegetación tan sorprendente como lo es Chile y yo del norte, de una tierra donde la gente esta orgullosa de sus raíces, pero donde las niegan cada día, de la tierra del Sol, donde el águila se come a la serpiente y las personas tienen el mismo derecho, pero no el mismo poder, a un país que no sabe si es  latinoamericano, norteamericano o centroamericano, así es mí México.

Pasaba la semana y yo sin poder volver a cruzar palabra con ella, hasta el día de clausura, creí que sería el último día para platicar con ella, que a lo mejor otro colega de otro lado ya había interactuado y yo por lento desinteresado la perdía. Que mis palabras serían solo de amistad, cuando pensé, ¿acaso yo estoy interesado en una mujer de otro país? ¿De otra cultura? ¡Por favor! Claro, me moría por hablar y fue entonces cuando la vi sentada rodeada de varios colegas me acerque a mi circulo de amigos la miré a los ojos y le dije “¿usted gusta bailar?” me afirmo con la cabeza, nos paramos a bailar, mientras la miraba buscaba acercarme cada vez más a ella, cuando al fin lo logre, decidí invitarle una cerveza pero no le dije nada, ¿inseguridad? No sino paciencia, se acabo la fiesta y nos separamos los colegas. Para mi suerte nos fuimos al mismo hotel los dos, llegamos a la recepción ella tomo su llave para su cuarto privado y yo pasaría al mío compartido con mis compañeros universitarios. Y al subir el primer piso, le declare mi amor, sin dudarlo dos veces la bese, me respondió el beso y recibí un abrazo, hablamos toda la noche sabiendo que al día siguiente partíamos los dos a nuestros respectivos países. Ella al final me regalo unos guantes, para el intenso calor de mi pueblo y una carta con un poema, donde me decía: tu eres del norte, yo soy del sur, tú eres negro y yo blanco, tú montaña y yo la playa, pero haremos que eso no nos importe. Lo admito jamás busque al autor.

Siguieron los meses, nos comunicábamos de todas las formas a distancia que se conocen, ya sea por teléfono, carta, e-mail, chat o ciberespacio, yo en mi México reservándome al momento de volver haberla, a cumplir los sueños de beber un té en su casa, vivir momentos inolvidables, a descubrir que el amor a distancia no tenía límites cuando es amor. Ella preocupada por sus materias y de dejar espacios para cuando estuviéramos juntos no tuviera problemas, en trabajar y ahorrar una plata para volvernos a encontrar. 

Todo iba conforme al plan, aunque muchas veces la distancia es el peor enemigo de la confianza y cuando en una relación no hay confianza suficiente las cosas se vienen abajo, pero, ¿en mi caso? Tengo que aceptar que no fue una excepción, aceptando los celos de ambos muchas veces nos toco buscar el mejor de los remedios o cualquier remedio, dejar amigos que ni conocía y que para la imaginación de ambos eran el amante en nuestra relación, al susodicho que por la distancia nos reemplazaría en nuestra ausencia. Pero muchas veces  por verla sonreír olvidaba, el orgullo, los celos y daba tiempo al tiempo.

Pero llegó nuestro tiempo, era la hora ya había pasado lo difícil que era la distancia, ¡no sería mucho problema!, ya la volvería haber tras un año de comunicación en distintas maneras, podríamos vernos físicamente, darnos todos los abrazos que prometimos y los besos que nos exigíamos. Sin embargo tengo que aceptar algo, no pensé que el miedo de ver a alguien después de un año de ausencia pudiera matar una relación, que el poder del miedo exigiera paciencia para ser superado, cuando paciencia por mi tiempo de estancia era lo que menos tenía.

A la persona amada hay que darle su espacio, como así, recibir el nuestro. Ahora Centroamérica sería nuestra lugar de reunión, asistiríamos a un mismo congreso lo dos,  reservamos una habitación, la cual compartiríamos juntos, fui el primero en asistir al congreso dejé mis maletas e inmediatamente me fui a recibirla al aeropuerto con los organizadores. Y cuando llego su vuelo la vi salir a la puerta de salida me brillaron los ojos, no sabía que hacer, besarla, abrazarla, morderla, olerla, que importa sinceramente ¡hice todo lo que mencione!, nos fuimos al hotel a dejar sus maletas y partimos a la plaza principal yo a tomar un café y ella un té, horas de platica, pero entre la platica hubo un comentario que no me agrado, ”tengo tanta emoción de estar contigo, que me gana la vergüenza”  ese comentario cambios las cosas, si hubiera comprendido en ese momento que nuestro idioma una palabra no tiene el mismo significado en un país que otro pero si el mismo sonido, no hubiese cerrado mi tan amplia mente presumida y a lo mejor, no hubiese partido como lo hizo al final de la semana. Llego la noche, empezaba la inauguración de nuestro congreso, bebimos un brindis, después salimos a recorrer la ciudad, llegamos a la habitación de nuestro hotel y tuvimos el mejor polvo de mi joven vida.

Pasaron los días ella más posesiva de mí y yo como un loco enamorado de ella, pero todo tiene un final y lo mío se estaba acercando. Se acabo la semana y  por consiguiente el congreso. Ella ya estaba despierta desde temprano, mirándome en la cama acostado, mientras q escribía su carta de despedida, la vi, sonreí y lo primero que hice fue abrazarla apretándola de la manera más cariñosa que conocía entre mis brazos y mí pecho. Mi primera palabra que salió esa mañana  fue un “yo siempre te amar…” de repente puso su mano en mi boca, no me dejo terminarla, me dijo que no era necesario hablar, que todo había sido un lindo momento y que espera que la próxima vez estuviéramos juntos fuera para siempre. Le había cambiado su mirada alegre, a una tormenta que iba directamente a mi corazón, en el desayuno no sabía que palabra decir, ni dejaba de pensar en que sería lo correcto ¡No, miento! no dejaba de pensar en lo que sus oídos querían escuchar ese día de mí, así que comencé por describir lo que era el amor según yo, para colmo cursi y ridículamente le cante una canción desentonada, que le robo una sonrisa de su boca. Pasaron las horas y fuimos al aeropuerto, ella partía al pasillo de embarque, me dio una carta, me exigió darle un objeto que llevara siempre conmigo, así como ella me dio una cadena que tuvo toda el tiempo con ella.

Partió con mi corazón y mis alegrías, cuando vi cerrar la puerta de embarque para abordar el avión, abrí la nota que decía “Nunca te lo dije, pero también te amo y me arrepiento de no llevarte conmigo”. Volví a mi México, llame a su casa para saber que estaba bien, platicamos por horas en el teléfono y al colgar me di cuenta de algo, que no podía estar sin ella, que la sensación de pensar todo el día en alguien q no estaba contigo, sentir su olor, las ansias, me hizo pensar el dejar el todo por el todo. (Pero de haber sabido que era la última vez que lo haría lo hubiese aprovechado más).

A los tres días de haber llegado mi país, ella dejo de comunicarse conmigo por todos los medíos, todas las formas, se había olvidado de mí y yo en la desesperación empecé a suponer. Paso el tiempo y sin darme cuenta me forme una paranoia, esto me llevo a una psicosis, así fue, como llegue aquí, reclutado entre todos los locos por un amor que me olvido, por una sonrisa que ya no tenía. A lo mejor ella conoció otro hombre y jamás me quiso decir, son muchas las razones en mi mente, pero porque no tuvo la confianza de decirme que me había cambiado por otro amor, o algo más, sólo se que los doctores al querer curarme cada día me mandan una mujer a charlar conmigo con la misma esencia que ella, y lo más raro que cada día se asoma por mi ventana diciéndome: “no podía vivir sin ti, quise darte una sorpresa, pero me sorprendí más al darme cuenta que la locura del amor no te dejo vivir sin mí”.   

 
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