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Autor: Pla Ventura
18/01/2017
NOMOFOBIA

Q

ue nada te distraiga de la realidad, solía decirnos el inolvidable Juan Rulfo, allá por tierras jaliscienses en México. La frase, como tal, parece muy sencilla, pero tiene una importancia muy relevante. Y la dijo Rulfo allá por los años cuarenta del pasado siglo sin saber que, muchos años después, todos viviríamos distraídos de la realidad, por tanto, ausentes de la propia vida.

¿El motivo? Se llama Nomofobia que, como se sabe, es la enfermedad del siglo XXI que, para mayor desdicha, al paso de los años lo pagaremos carísimo. ¿Qué es la Nomofobia? Dicho en cristiano, una estupidez sin sentido ni argumentos que lo justifiquen. Claro que, según Wikipedia, Nomofobia es el miedo escénico, el que produce pánico y terror a todos aquellos que salen de su casa sin el teléfono. ¡Qué cosas, Dios mío! Cuando todos creíamos que el llamado teléfono móvil era el invento del siglo que nos permitiría poder comunicarnos allí donde nos encontrásemos, de repente se ha convertido en un arma mortífera que nadie sabe las consecuencias que nos deparará.

Por supuesto que dicho teléfono nos permite, entre otras muchas cosas, poder comunicarnos; claro que, lo de comunicarnos ha quedado ya en un segundo término, yo diría que en el último. De las tres “mil millones” de aplicaciones que tienen dichos teléfonos, lo de hablar unos con los otros, eso ya pasó a mejor vida; a lo sumo, la gente se envía mensajes rápidos de pocos caracteres y ahí muere el asunto. Lo que de verdad se emplea dicho aparatito no es para hablar, ni siquiera para comunicarnos que sería lo lógico; se usa como distracción que, en definitiva, no es otra cosa que la falta de comunicación. ¡Qué situación más bochornosa!

Queríamos un teléfono para comunicarnos y, menos hablarnos, hacemos de todo.Lo triste de la cuestión es que, esto no ha hecho nada más que empezar y, como se sabe, ya se está considerado como una enfermedad, la Nomofobia citada. ¿Hasta dónde llegaremos con semejante dislate? Lo triste, como digo, no es que la gente ya no se comunique; lo que mana sangre a borbotones son las consecuencias que todo esto nos deparará.

Podría dar miles de ejemplos al respecto pero, el más usual de todos no es otro que, por ejemplo, esos cinco amigos que se reúnen para compartir un desayuno hermoso y, la mitad de ellos, desoyen todo comentario que se haga en la mesa para estar pendiente de los malditos teléfonos. ¿Consecuencias? Las lógicas, que se hayan enojado miles de personas lógicas ante dicha actitud, tan mortífera como llena de mala educación

¿Cuántos accidentes de tráfico se han contabilizado por culpa de los teléfonos? ¿Cuántos peatones han sido atropellados en la calzada porque no miran por donde van, estando pendientes del macabro teléfono? ¿Cuántos conflictos familiares se han producido debido a las imprudencias del teléfono por aquello de publicar lo impublicable en su red de Facebook? ¿Cuántos matrimonios se han roto como consecuencia de datos que han podido ver por el teléfono? Datos de denuncia, claro. ¿Cuántos niños han sido ingresados en centros de rehabilitación por culpa del mal uso del teléfono? ¿Cuántas personas han sido despedidas de su trabajo por el uso indebido de un teléfono? Miles de ejemplos podría dar al respecto, los que certifican la desgracia que supone padecer la Nomofobia, la enfermedad actual y, lo que es peor, la que no tiene medicina ni remedio.

Qué pena hubiera sentido Juan Rulfo al comprobar que, su axioma, -QUE NADA TE DISTRAIGA DE LA REALIDAD- dicho en aquellos años, ahora ha tomado una fuerza desmedida, hasta el punto de que todos viven distraídos de la realidad para abocarse a la locura.

Recuerdo cuando apareció la televisión en nuestras vidas y, el gozo que sentíamos por aquello que nos resultaba tan nuevo, de pronto nos hizo bajar a la realidad, la que suponía la llamada entonces falta de comunicación; menos mal que, de repente, en lo que a la televisión se refiere, eran los anuncios los que nos salvaban de todo mal y, en aquellos momentos eran los que utilizábamos para conversar; algo es algo decíamos unos con los otros.

Y menos mal que la televisión es un aparato estático, de poderlo llevar a cuestas, la hecatombe que ahora citamos ya hubiera ocurrido en aquellos años. Y eso es lo que ocurre ahora con los teléfonos de nueva generación, que son capaces de hacer de todo, hasta quitarnos la ilusión por vivir logrando, entre otras muchas cosas y todas ellas de extrema gravedad, que nos distraigamos de la vida, sin lugar, lo único que merece la pena.

Algo debe hacer la sociedad en que vivimos; no sé si por decreto ley, como consejo para el alma, de la forma que fuere, pero algo se debe hacer al respecto puesto que, como se demuestra a diario estamos abocados hacia el precipicio. ¿Acaso no hay abismo peor que no ser dueño de nuestro propio ser a sabiendas que somos prisioneros de un puto teléfono? Doctores tiene la iglesia que, dicho sea de paso, al respecto en devenir de los tiempos harán falta muchos doctores, no sé si en medicina, pero en psiquiatría, con toda seguridad. El doctor Vallejo Nájera, de haber vivido en la actualidad, hubiera ampliado su consulta como nunca pudiera haber imaginado.

 
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  Autor: Marta Ecco 21/01/2017
  Luis muy querido:
Siempre muy agradecida me tengas al tanto de tus brilllantes notas en éste rincón hermoso de tu AMOROSA FRATERNIDAD...
En total acuerdo contigo...con referencia a esa pequeña maquinita que para mal y también para bien,se ha introducido como una droga adictiva...para unas mayorías que se dejan atrapar.
Por mi parte y a pesar de que lo he tenido incluido por mas de una vez,en paquetes o combos como le llaman por mi tierra...hasta hoy no lo he aceptado...Para mi bien o para mi mal,porque es indudable que es un instrumento que puede auxiliar fácilmente si te caes o te asaltan,y no se lo llevan...o si te olvidaste las llaves de tu casa y al no tener quien te abra,cuando regresas a medianoche del teatro,pues debes tener éste milagroso teléfono para pedirle a una amiga que te hospede hasta que,por la mañana se pueda acudir a un cerrajero o te abra el conserje del edificio...etc.Tambien si te sientes mareada o con algún
síntoma,usual después que has pasado los 80.
Hasta hoy,como te decía,me he resistido a usarlo...no obstante,ya me propuse entrenarme próximamente, para que no me sorprenda algo como lo ya mencionado,sin defensa alguna...

Eso sí,creo que debo agregar algo,donde dices que no se puede cargar con el televisor...no creas...muchos canales,por ejemplo la transmisión desde YAHOO para el mundo,que se vió desde Washington ayer mismo...mas las posteriores manifestaciones,yo lo vi completo de mi compu...pero sé de muchos que lo vieron desde sus Iphon u otros...Incluso se de muchos que van a ver futboll o un recital,y si no les obligan a apagarlo,prefieren estar mirando el evento en la palma de su mano.

Gracias mil amigo...Me gustaría poder hacer un video para difundir,así como los realiza Rufi ,tan magistralmente...posiblemente decida darnos algo más de su talento.¡¡¡Sí,Señor!!!