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Autor: Pla Ventura
30/01/2017
UN MUNDO SIN CARICIAS

V

ivimos equivocados en muchos órdenes de la vida y, lo que es peor, no somos capaces de darnos cuenta y, lo que es más grave, no somos capaces de rectificar. Nos abruma el dinero, las posesiones materiales que, en demasiadas ocasiones las queremos conseguir al precio que fuere, a veces, hasta sin importarnos ni el cómo ni el por qué. Todo se traduce en materia, razón por la cual el mundo vive abrumado, prisionero de sus propias miserias, las que habitualmente nos llevan al precipicio que no es otra cosa que la vulgaridad en que vivimos y la sinrazón por la que existimos.

El mundo está mal solemos decir muchas veces y, craso error el nuestro; el mundo es perfecto porque así lo hizo lo Dios. Somos nosotros los que hemos forjado un mundo sin caricias, por tanto, huérfano de amor. ¿Qué podemos esperar los unos de los otros si somos incapaces de regalarnos caricias? La nada, como diría Willian Faulkner.

Entendamos como una caricia todo aquel gesto que tenga que ver con el alma. Sí, es importante la caricia física, además de ser bella; pero son muchas las caricias que deberíamos de regalarnos para que entre todos construyéramos un mundo mejor, ante todo, una existencia feliz y dichosa.

Entendamos como una caricia una mirada de complicidad, una palmadita sobre la espalda, un guiño de amor, una mano que estrechamos, una carta que escribimos, una llamada que no esperamos…..Las caricias, como sabemos, son el elenco del amor, el más alto estatus que dos personas pueda disfrutar.

Si somos capaces de regalarnos caricias será entonces cuando estaremos opositando al amor porque, como dije, la caricia es la complicidad más hermosa entres los seres humanos, algo que hemos dejado en desuso para que triunfe la indiferencia. 

Si de algo han servido estos años de tan aguda crisis, sospecho que ésta ha servido como bálsamo para nuestras almas. De alguna manera, el mal que ha hecho la crisis es el que se ha visto reflejado en nuestros corazones, el que nos ha permitido la solidaridad de unos para con los otros, algo que sí dice mucho a favor de nosotros.

Pero fijémonos que, como decía, tuvo que venir esa especie de peste llamada crisis para que nos concienciáramos de lo importante que son las caricias. En realidad, así ha sido; todo ha girado en derredor de las caricias puesto que sentirnos solidarios para con los que sufren, sin duda alguna, sigue siendo la mejor de las caricias.

No olvidemos nunca regalarnos caricias; físicas o espirituales, nada importa; pero que nos sintamos amados los unos con los otros. Recordemos que, como decía, una mirada de complicidad, a veces, puede ser más importante que una ingente cantidad de dinero.

Sin pensásemos, como diría -otra vez Willian Faulkner-, que la vida es un camino sin retorno, quizás la viviríamos de otro modo. Es como el ateo que, “por si acaso”, a la hora de la muerte pide un confesor. A fin de cuentas, ante tal hecho quizás estemos hablando de que el moribundo pide la última caricia. Ante ello, no dejemos para el último instante para sentirnos amados; pedir como último aliento una caricia es un signo de pobreza cuando la vida nos quiere ricos; cuando Dios así nos hizo, sencillamente porque estamos hechos a su imagen y semejanza.

El día que sepamos diferenciar lo espiritual de lo material y actuemos en consecuencia, el mundo cambiará de forma radical; no harán falta nuevos “profetas” porque nosotros seremos ellos.

Fijémonos si somos pobres que, dos mil años después de la llegada de Cristo al mundo, todavía no hemos sabido comprender que solo lo barato se compra con dinero, de ahí lo existencial del mundo de las caricias.

Veo cambios al respecto, nada es más cierto; pero la vorágine de amor con la que tenemos que ser invadidos tiene que ser mucho más profunda de lo que en verdad sospechamos.

Nos solía decir Facundo Cabral que una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, hay millones de caricias que construyen la vida. No perdamos jamás la bella costumbre de acariciarnos que, como decía el sabio argentino, juntos seguiremos construyendo la vida.

 
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