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Autor: Pla Ventura
18/02/2017
¿POR QUÉ EXISTE EL ODIO?

A

lgo funciona mal dentro del ser humano cuando psicólogos y psiquiatras abogan todos para explicarnos el odio, un sentimiento feroz que, al parecer anida dentro del ser humano como un convidado de piedra que, para desdicha de la humanidad, vino para quedarse. La pregunta no tiene desperdicio: ¿Por qué existe el odio? No hay respuesta lógica, pero si me cabe la seguridad que existe el odio para que sepamos diferenciarle del amor. Posiblemente, sin el odio no ponderaríamos tanto el maravilloso amor.

Indudablemente, quienes odian, además de ser enfermos, no han tenido otra lección que tomar en sus vidas; de ahí que les califiquemos como enfermos. Sí, porque una persona en su sano juicio mental ni por asomo odiaría a nadie. Odiar no es otra cosa que la certificación del mediocre, esencialmente de todos aquellos que caminan hacia el precipicio, es decir, hacia la nada. Muy pobre debe ser, además de enfermo, todo aquel que como sentimiento mayor se aferre al odio. 

El odio, como sabemos, es el hermano mayor de la envidia, sentimientos ambos que destruyen al individuo por completo. Recordemos que tenemos tantas cosas para gozar que, odiar, es una pérdida de tiempo; sí, perdemos lo más valioso que tenemos, el tiempo, algo muy bello que pasa y no lo recuperaremos jamás; por eso envejecemos, por el paso del tiempo. Siendo así, ¿habrá dislate mayor que desperdiciar el tiempo en banalidades, odios, rencores, mentiras, patrañas y maldades? Por dicha razón, los que odian son muy desdichados.

Mirémosles en lontananza, es decir, allá a lo lejos. No aprendamos de ellos porque sus lecciones son purgas para el alma y, lo que es peor, para nuestros cuerpos. Somos tan torpes que nos envidiamos unos a otros a sabiendas que el amor está en la otra orilla; en nuestra necedad, anhelamos lo que no nos corresponde para traducirlo en odio y envidia.

¿Qué podemos envidiar de los demás si todos somos iguales? No envidies el dinero de nadie, más bien, admira el trabajo que le ha costado ganarlo si en realidad lo ha hecho de forma honrada. Envidiando no avanzaremos jamás; eso sí, trabajando y entregando lo mejor que tengamos, como explico, todos tenemos la oportunidad de lograr lo que otros han hecho y, sin duda, lo que siempre hemos soñado.

Al respecto de la envidia, por regla natural, el trabajador envidia al empresario. Una locura extendida por el universo cuando, repito, todo lo que se construya por la vía de la honradez debería de tener el respeto y, en vez del odio, la admiración. Si en realidad somos más los empleados que los empresarios, ¿cómo no admirarles si gracias a ellos tenemos la oportunidad de realizarnos?  Pero no, las gentes, adoctrinadas para la maldad, desde siempre han odiado al empresario cuando, como es sabido, todos tenemos la oportunidad para serlo. ¿Por qué no lo somos? Y no lo somos porque el odio vive dentro de nuestro ser.

Si ese tiempo que desperdiciamos odiando lo empleásemos construyendo, aportando ideas, haciendo genialidades, con toda seguridad seríamos empresarios o, en su defecto, patrones de nuestra existencia en la rama que nos propusiéramos. Es cierto que unas personas tienen más capacidades que otras, pero en todos los ámbitos, por eso hay artistas y espectadores.

Siendo así, ¿cómo odiar al artista si éste está por encima de nosotros? Ante ello, solo cabe la admiración y el respeto. Y podría dar muchos más ejemplos los que nos invitan a todos a la proliferación del respeto hacia nuestros semejantes, por ende, alejados de todo odio y rencor.

¿Por qué existe el odio? Dije en mi enunciado. Porque en nuestra pobreza de espíritu no somos capaces de discernir cómo y de qué manera, unos han logrado cotas más altas que otros. En vez de reflexionar al respecto, como se comprueba, es más sencillo odiar a nuestros semejantes, justamente y casi siempre, a todos aquellos que nos dan trabajo o la oportunidad para desarrollarnos. 

Ricos y pobres los habrá toda la vida. Lo ideal es encontrar la fórmula para que unos y otros vivamos con dignidad. Claro que, eso ya es tarea de los estadísticas, nosotros, las gentes de a pie solo nos queda trabajar y, a ser posible, con nuestro ingenio e inteligencia superar a nuestros homónimos en todos los aspectos. Como decía, perder el tiempo envidiando u odiando no deja de ser una enfermedad incurable. Así está el mundo, enfermo sin remisión. 

 
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  Autor: Marta 22/02/2017
 
Así está la mitad del mundo,es posible Luis querido,mas la otra mitad,ama,compadece,remedia,ora...ycon ello se mantiene el equilibrio...

Un muy delicado equilibrio que el Poder Supremo sostiene con ese amor que transfiere a quienes lo aman,y se unen a El.

Y siguen sus mandatos y sus amorosos reclamos...por mensajeros como tú,amigo del alma...

¡¡¡Si,Señor!!!
 
  Autor: Posidio 21/02/2017
  Hasta que no vacíes tu alma de todo lo que te atormente... no podrás llenarla de todo lo que te haga feliz.
El rencor duele, el deseo de venganza hiere por dentro y causar dolor solo puede traer más dolor a ti mismo.
El rencor y el resentimiento solo traen infelicidad en la vida y en el amor.
Los primeros pasos para poder ser feliz son perdonar y olvidar...
La VIDA es dura, pero en los momentos difíciles aprendemos que aunque las lágrimas nos ensucian el rostro, terminan limpiándonos el CORAZÓN.