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Autor: Pla Ventura
10/03/2017
LA RED

L

o dice su propio nombre, la red. Y es así como las criaturas mortales quedan atrapadas en la red de redes como son las nuevas formas de comunicación. Recordemos que todos los inventos que hemos conocido, todos, sin distinción, fueron concebidos para el uso y disfrute de la humanidad. Sin duda, esta era la idea, lo triste es en cómo ha quedado todo aquello que anhelábamos para el disfrute y comunicación entre las gentes.

Se inventaron las redes sociales mediante Internet, pero lo que nadie cayó en cuenta es en la regulación de dichos sistemas de comunicación que, en su inmensa mayoría son utilizados para la maldad. Esa forma de comunicarnos debería tener como estigma prioritario la decencia de la honradez mediante la acreditación de todo aquel que lo utilice. Esto sería lo lógico y deseado. El invento, como digo, es perfecto pero, como explico, ha sido el mismo ser humano el que lo ha devaluado hasta los extremos de la podredumbre y, lo que es peor, la maldad.

Ya se escuchan gritos desgarradores al respecto, es decir, cuantificando la maldad que se pude hacer mediante las redes sociales. No es menos cierto que, los millones de usuarios que transitan por dicha redes, casi todos desnudan su alma ante el mundo puesto que, nadie tiene rubor en mostrar lo que no haría jamás en otros medios.

Ante todo, “gracias” a dicho invento el ser humano ya no tiene privacidad, por deseo expreso de cada cual al mostrar sus miserias o sus éxitos en la red. Antes de la aparición de Internet, era Hacienda la sabía todo de nosotros; ahora, además de Hacienda, cualquiera puede tener los datos de un semejante, con la gravedad de poder utilizarlos para hechos criminales.

¿Qué ocurre con todo esto? Sencillamente, lo que ya es una realidad aplastante, aquello de ser víctimas por haber mostrado datos que no debíamos en la redes sociales que, como se comprueba, la gran mayoría de los usuarios se lo toman como un juego y, gracias a dicho “juego” ya se han cometido millones de delitos de toda índole que, sin ese medio jamás hubiera ocurrido.

En Internet, de forma concreta en las redes sociales ya se han descubierto miles de casos de adulterio con el consiguiente deterioro y ruptura de lo que parecía un matrimonio feliz; miles de robos han sido llevados a cabo sabiendo que los dueños de la casa estaban ausentes; innumerables han sido los chantajes de toda índole que se han efectuado por aquello de mostrar a los demás lo que nunca debimos de haber hecho; desaprensivos sin entrañas han logrado enriquecerse fingiendo una pobreza que no tenían; gentes horribles se hicieron pasar por enfermos por aquello de engañar a sus semejantes para sacarles el dinero; millones de mentiras se han descubierto en la red, sencillamente, por usuarios mezquinos y cobardes; conflictos de toda índole, como vemos todos los días por televisión o en la prensa, todo ello por culpa de la mala utilización de las llamadas redes sociales.

Todos queremos ser protagonistas, de ahí la fascinación que las redes nos producen. Protagonistas ¿de qué? Sería la pregunta. Craso error el que cometemos porque la gran mayoría de los mortales nada tenemos que ver con las estrellas del celuloide, por poner un ejemplo, como para que nos dejemos ver ante los demás. Murió la privacidad entre las gentes, error mayúsculo que lo estamos pagando carísimo.

Como dije, lo que era un invento maravilloso, por la mala praxis de las gentes al respecto, ya vemos cómo ha quedado el panorama, más sombrío sería imposible. Y, cuidado, esto va a más porque no ha hecho nada más que empezar. La funcionalidad de las redes, es decir, la buena utilización de las mismas es algo fantástico, lo digo porque lo he visto en gentes allegadas a mi persona y, todo me ha parecido maravilloso. Lo triste es ver a millones de seres humanos deambulando por las redes sin orden ni concierto y, lo que es peor, arrastrados por esa marabunta que les llevará a todos al precipicio.

Si ya resulta grotesco, yo diría que aberrante, el hecho de la utilización de los móviles en que todos viven prisioneros de dicho artilugio, los resultados posteriores, los que he terminado de relatar son de unas consecuencias nefastas.

Qué pena la nuestra puesto que, ante todo, que se inventara algo maravilloso, sensacional y tan bello para el trabajo y las causas bellas, que al final quede todo en un signo de maldad extrema, nuestra tristeza no puede ser mayor.

Doctores tiene la iglesia, dice uno de nuestros refranes, pero no es menos cierto que luego tendremos que atendernos a las consecuencias. Pobre humanidad que camina hacia la sima. Nos pasamos dos mil años queriendo llegar a la cima en todos los órdenes de la sociedad, algo tan noble como hermoso y, a fin de cuentas, como digo, iremos a la sima.

Son, sin duda alguna, las miserias de una sociedad absurda que se ha perdido en la vorágine de la nada. Como digo, las consecuencias serán fatales, eso sí, luego no nos quejemos.

 
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