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Autor: Pla Ventura
30/08/2017
NO BUSQUES AL ENEMIGO

N

o busques al enemigo afuera. ¿Lo pensaste alguna vez? Ir por la vida con la cruz del victimismo constante no deja de ser una paradoja absurda. Somos nosotros, uno por uno, los que debemos de cuidar de nosotros mismos, algo que muchas veces pasamos por alto para intentar buscar culpables ajenos.

Ya lo dije y lo vuelvo a repetir; somos los dueños de nuestro destino, por tanto, estamos obligados a llevar el timón de nuestras vidas. Claro que, posiblemente, lo que digo se consigue a base de muchos fracasos pero, ¿quién es el valiente que no ha fracasado muchas veces en la vida? Fracasar le puede pasar a cualquiera; lo complicado es levantarse uno de dicho fracaso.

Una vez logrado, sin duda alguna que uno ya no busca culpables fuera porque como la vida te demostró el único culpable eras tú. En definitiva todo son lecciones, lo difícil es que pasen por nuestro lado y no sepamos tomarlas como alternativa para todos nuestros males.

Cuidado con el éxito, en la rama que fuere, que nos puede llevar hasta el precipicio. Muchos creen el éxito es sinónimo de felicidad y, la vida, a diario, nos muestra dicho error. He conocido demasiados triunfadores que se han ido a la tumba en la más completa ruina.

¿Quién nos garantiza que el éxito o su sinónimo llamado dinero lo sea para toda la vida? Diré algo que les sonará a muchos como una locura; entiéndalo cada cual con cada quién. Ser rico es más difícil que ser pobre y administrar el éxito es una tarea dificilísima porque entra en acción el señor “ego”. Sí, el que aparentemente todo lo puede, el que engaña sin piedad y el que lleva al precipicio a millones de personas.

Entiendo la riqueza de todo aquel que lo ha sudado a base de muchos años de sacrificio, un ejemplo por lo grande sería Amancio Ortega, pero como quiera que dicho señor alcanzó la cima sabiendo que venía de la sima, tuvo el suficiente valor para comprender su riqueza; es más, hasta de confesar que, su inteligencia y capacidad de trabajo, sin los demás, no hubiera sido nada. Se trata de un rico luchador, de un hombre sin parangón que, como meta, su máxima ilusión no ha sido otra que crear puestos de trabajo, miles de puestos de trabajo para que tantas personas encontraran a su lado el rumbo que deseaban para sus vidas.

Se necesitan muchas virtudes para controlar un capital tan bárbaro como el del citado empresario; más de la que nadie pudiera imaginar. Y esto es muy cierto. En mi caso, como espectador, he visto caer a muchos ricos, empresarios que nacieron de la nada, se creyeron los reyes del universo, comenzaron a dilapidar incluso lo que no ganaban y, en poco tiempo les vimos sumidos en la miseria.

 
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