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Autor: Pla Ventura
29/09/2017
LA AMISTAD

P

uesto que hablamos de reflexiones hagámoslo de la amistad. Como espectador que soy ante el mundo y sus gentes me gusta mucho analizar lo que sucede a mí alrededor. Fijémonos que existe un don gratificante y maravilloso que nos lo dio el Creador para que gozásemos hasta el infinito; un valor que no es otro que la amistad, es decir, amarnos los unos a los otros sin condición.

Practicar la amistad en su auténtica pureza es la riqueza máxima que cualquier ser humano pudiera anhelar. Entregarnos a los demás para que, todos juntos, mediante el tesoro de la amistad, todos seamos felices, es el logro máximo para cualquier mortal. Claro que, la amistad solo tiene un “inconveniente” llamado reciprocidad; yo seré amigo tuyo con una sola condición, que tú lo seas mío. Una máxima de un amigo querido que resume la amistad de una forma maravillosa. Nadie puede entregar su amistad a un semejante a sabiendas de ser utilizado; o, lo que es peor, comportarte como un amigo verdadero ante una persona determinada y, más tarde, comprobar que has sido traicionado.

Las traiciones de la amistad suelen tener consecuencias muy dramáticas; sí, porque al amigo le cuentas todo, eres su más fiel confidente, hasta el punto de desnudar tu alma ante la persona a la que amas; nos ha sucedido a todos. Y, como digo, tener que prescindir de dicha amistad porque te han traicionado es algo macabro. He conocido muchos casos al respecto.

Personas que vivían el uno para el otro y, de repente, sin encontrar explicación alguna –que todavía es mucho más dramático- de la noche a la mañana la persona a la que amabas, incluso hasta le ayudaste cuando lo necesitó, te da la espalda como pago a tus dádivas generosas para con ella. No ames a quien amó, ni sirvas a quien sirvió, un axioma que podría valernos para todo.

Una relación de amistad debería de perderse –lo ideal es que no se perdiera nunca- por razones de mucho peso pero, como la vida nos demuestra, he conocido casos de personas que han tirado por la borda el mayor tesoro que tenían que, como se presagia, no era otro que el amigo que les apoyaba. ¿Razones? En ocasiones, yo diría que casi siempre, ni siquiera existen, al menos que salgan a la luz. Imagino que son corazones rotos, mentes enfermas puesto que, dilapidar una amistad es un crimen sin castigo.

Pregunté al respecto a muchas personas que habían sufrido el desencanto de ver cómo desaparecían de sus vidas amigos que les creían eternos y, todos me confesaron lo mismo; la estupefacción que sentían en su alma al no entender nada. Fijémonos que, en la vida, por ejemplo en mi caso, a estas alturas de mi existencia, hasta soy capaz de entenderlo todo. Y es lógico que, por muy amigo que seas de una persona, si ésta te hace una mala jugarreta sea lícito que te apartes de la misma.

Pero aquello de que una persona desaparezca de tu vida sin que antes se haya producido un motivo de peso, eso raya en la locura; digamos que, sin más preámbulos, como antes yo apuntaba en páginas anteriores, todo viene dado por los celos. Malditos celos que, como se demuestra, hasta destruyen el valor más hermoso del mundo, la amistad.Yo siempre creí más en el sentimiento de la amistad que en el del amor propiamente dicho; sí, porque como sabemos, al respecto del amor, éste, caprichosamente, en ocasiones cambia de lugar. Pero no es el caso de la amistad que, cultivada como Dios manda, siempre permanece junto a corazones muy especiales. Nada que ver con el amor que, como decía, en sus infantiles caprichos en ocasiones anda a la deriva sin encontrar el corazón adecuado.

¿Perdiste un amigo/a por una tontería? Ya puedes considerarte pobre y desdichado, no cabe otra opción. Por ello, con toda seguridad, hasta me atrevo a declarar que, el sentimiento que esgrimías ante la persona a la que decías amar, en realidad, no era tal; más bien te aprovechas te aquella coyuntura por la que abusaste de la persona que te entregó aquello que tú, falsamente, decías profesarle. Una pena puesto que, lo aquí contado sucede todos los días para desdicha de los infelices que no han sido capaces de valorar lo que es un auténtica amistad.

Ellos se lo perdieron, los que dejaron escapar una persona amiga, un confidente del alma, un amigo que lo tenías para cuando lo necesitaras; en fin, son dilapidaciones muy duras de digerir. Perder aquello que te arropaba, caso de un amigo/a querido no es otra cosa que sentir el vacío de la más cruel soledad porque, no me gustaría para nada estar en la piel del que ha resultado perdedor si de amistad hablamos.

Es cierto que, en la vida, desdichadamente, tiene cabida todo, hasta las diásporas del alma, justamente, llevadas a cabo por seres insensibles que, seguramente, en soledad, seguro que van llorando su desdicha por las esquinas. De Dios estará que ilumine sus corazones porque, en dicha soledad llevan implícita la traición a la que sometieron al que fuera su amigo.

 
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