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Autor: Pla Ventura
01/12/2017
LA NEGATIVIDAD

H

uye despavorido de todo aquello que te suene a odio porque junto a él jamás avanzarás, es más, todo será retroceso. Al respecto, como sabemos, ya tenemos demasiada gente en política que su forma de actuar pasa por el odio, es decir, vivir en el infierno en la tierra cuando, de proponérnoslo, viviríamos en el cielo.

Es un sentimiento atroz, negativo, que corrompe, que hace infeliz a las gentes pero, pobrecitos ellos, todos los que necesitan de atención psiquiátrica porque no se puede entender jamás que, una mente normal pueda vivir aferrada al odio.

La vida es de otra manera a como la plantean los que odian porque, en realidad, ¿qué beneficio extraen de sus malos sentimientos? Ninguno porque son detestados por la gran parte de la sociedad. Hemos llegado a un punto en nuestra sociedad que, lo normal se ha distorsionado de tal manera que, nos cuesta mucho creer y entender dónde está la verdad y dónde anida la mentira. Todo es confusión, apenas existe el diálogo, no mediamos con las palabras, más bien con los insultos y, como en los últimos tiempos, hasta con asesinatos. 

Al paso que vamos iremos hasta el precipicio, pero no lo digo yo, lo dicen los hechos de las gentes, sus actitudes, sus desprecios a la vida, a la religión, a la paz, en definitiva, a todo lo que huela a amor en su más viva expresión.

Todo se ha tornado confuso y, lo que es peor, rociado del más apasionado odio pero, ¿hacia quién? Lo digo porque la mayoría de los que practican el odio por sistema a sus semejantes, todos, sin distinción, han tenido una juventud modélica que les ha permitido vivir, gracias a sus padres, como auténticos reyes. ¿Qué trasmutación ha habido en la sociedad para que todo funcione de mala manera?

Es cierto que, ciertos medios de comunicación no han ayudado para nada; es más, han nacido para fomentar el odio entre unos y otros. Si ese era su propósito lo han conseguido por completo. ¿Qué orden de valores tenemos ahora en la sociedad en que vivimos? Menuda pregunta para que alguien la pudiera responder. ¿Qué podemos esperar de una sociedad que tiene en la calle asesinos tomando copas en los mismos bares que los familiares de los que éstos han asesinado?

Como digo, una situación confusa, tremenda, aberrante, sin sentido alguno y, lo peor de todo es que no nos damos por enterados; somos muy pacíficos al respecto, pero en todos los órdenes. Ahora, como nos muestran a diario en algunas televisiones, lo que priva es la zafiedad en todos los órdenes; nadie habla de cultura, ni de paz, ni de amor, ni de nada que tenga que ver con la construcción de la propia vida que, realidad es el único tesoro que tenemos. Todo huele a repugnancia. ¿Queremos más pruebas? No, por Dios, las tenemos de sobra.

Fijémonos que, antes, en los colegios nos enseñaban lo primordial, la educación, las buenas formas en todos los órdenes y, acto seguido nos enseñaban geografía, ciencia, historia, letras, matemáticas pero, como medio preventivo, un alumno tenía que ser educado por encima de todo. Ahora ha cambiado todo, en los colegios enseñan a los alumnos de todo, pero de esos colegios salen gentes llenas de odio y de rencor. ¿A santo de qué? Muy sencillo, por la lección que allí les han enseñado.

Para colmo, como digo, los medios de comunicación les alimentan el alma para que sigan con su disconformidad ante todo lo que les rodea. Y de ahí, justo desde las mismas aulas nacen los llamados antisistema, los que pretenden destruirlo todo como si la cosa no fuera con ellos. Siendo así, ¿de qué viven los que todo lo quieren destruir el sistema que nos nutre a todos? Que alguien me lo explique puesto que yo no logro entenderlo.

¿Qué sería del mundo sin el capital, sin las empresas, sin esas gentes emprendedoras que son capaces de dar miles de puestos de trabajo? Me temo que, todos los que quieren la destrucción del sistema, sin duda alguna, mediante la política y otra artimaña, todos tienen la vida asegurada.Y no hablemos de Dios ni mucho menos de religión que, como es norma, los antisistema lo odian por completo.

Volvemos al odio de nuevo que, como se sabe, es el peor dictador; peor que los que lo practican. La gente ha perdido la fe, por tanto, el norte en su existencia y, así les va a muchos. La fe es el punto de partida para poder llegar a la esperanza que tanto nos reconforta.

Recordemos que, si perdemos la esperanza lo hemos perdido todo y, en realidad, así sucede a diario. Tenemos gentes desesperadas, sin alientos, sin afanes, sin ilusiones, sin ganas de trabajar que, en definitiva, sería lo primordial; pero lo hemos perdido todo. Menos mal que, gracias a Dios, porque todo en la vida es un milagro, todavía existen miles y miles de personas capaces de seguir creyendo en la vida y, ante todo, construyéndola cada día.

 
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