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Autor: Pla Ventura
22/05/2018
CABRAL, ETERNAMENTE

E

n este día, 22 de mayo nació en Argentina el que sería, el paso de los años, su hijo más célebre por el mundo y el que atendía por Facundo Cabral, el que nació en la vereda como él decía, razón por la que al paso del tiempo decidió que el mundo sería su morada, una decisión que llegó a su vida cuando le preguntó a su madre por qué todos tenían casa menos ellos, a lo que su madre le respondió: “Ellos son pobres porque solo tienen una casa, nosotros tenemos el mundo para caminar, sigue andando” Y en el mundo moró hasta que murió.

Cerremos los ojos e imaginemos el parto de Sara con aquel hijo llamado Facundo Cabral. Debemos de situarnos en el tiempo para entenderlo todo, es decir, 1937 y en plena vereda. Es decir, 81 años nos separan desde aquel acontecimiento histórico que, sin duda marco la vida de Sara y, por supuesto, la de millones de hermanos por el mundo. Nacía un niño rebelde, inquieto, disconforme con la vida, iconoclasta por decisión propia y, lo que es peor, totalmente incomprendido en la sociedad en que vivía.


Nos cupo la fortuna de contar vivencias de Cabral en este libro

Como siempre hay un antes y un después, tuvo que ser la señora Eva Duarte la que cambiaría el rumbo de su vida, sencillamente porque cuando corría el año 1944, dicha señora le ofreció trabajo a Cabral y, sin duda, para doña Sara la que, de la noche a la mañana se encontró con una casa para vivir y un trabajo para poder subsistir. Y así se lo hizo saber el general Perón a su amada Evita cuando tras hablar con aquel niño llamado Cabral, el presidente le dijo a su esposa: “Es la primera frase ética que ha escuchado en mi vida, por fin alguien pide trabajo y no limosna”

Pese a todo, la infancia de Cabral resultó ser dura, muy dolorosa; él no entendía la sociedad en la que vivía y su rebelión era constante. Fijémonos que, hasta se hizo cantor de joven para componer canciones de protesta contra lo que él entendía como injusticias. De aquí nace el encuentro que Cabral tuvo con Borges y éste le preguntó a que se dedicaba, Cabral le respondió que como estaba siempre enojado escribía canciones de protesta. Borges, perplejo le respondió y le dijo: “Qué mérito tiene usted porque yo cuando estoy enojado no soy capaz ni de escribir mi nombre


Cabral, el hombre que nos sigue iluminando cada día

Fueron pasando los años y, Cabral, tras haber estado en la cárcel por las fechorías que cometía, allí conoció los libros y, sin duda alguna es la única persona en el mundo que se redimió en la cárcel y, al salir, salía por la puerta un hombre nuevo, un ser humano distinto lleno de convicciones, de amor hacia sus semejantes y, como sucedió, teniendo como compañera inseparable de por vida la guitarra que un jesuita le regaló mientras estuvo privado de libertad.

La vida transcurría y, hasta conoció a su padre al que nunca juzgó. Pero era su madre su referente, su punto álgido en su generoso corazón y, para fortuna de ambos, doña Sara todavía pudo saborear durante muchos años el éxito de su hijo; sí, aquel niño rebelde del que dicha mujer tuvo muchas dudas pero que, al paso de los años, entre la educación que ella le dio y todo cuanto se encontraba por la vida, hicieron de él un hombre nuevo que, al paso del tiempo se convirtió en un referente para el mundo.

Los libros fueron su asidero, su mundo interior, los que le dieron paz, luz, alegría, sabiduría, encanto personal, empatía para con el mundo con el que antes él se había revelado. Cabral comprendió que el culpable que él andaba buscando vivía justamente dentro de sí mismo, por ello, ante tan grandioso descubrimiento, Cabral cambió el curso de su vida y, tras aquel cambio se produjo la metamorfosis más bella que pueda soñar cualquier ser humano.


El dibujo de Cristina Gálvez dice todo de Cabral

NO SOY DE AQUÍ, NO SOY DE ALLÁ, era su primera canción que, para su desdicha, la misma resultó un serio fracaso puesto que nadie le hizo caso; pero la grandeza de aquella letra era tan real, tan apasionada, que muy pronto la cantaron todos los grandes de aquella época, hasta el punto de que, en Chile, en una disquería como Cabral definía a una tienda de discos, mientras pasaba por la calle escuchó la grabación de su canción en la voz de Alberto y, a partir de aquel momento entendió que le había llegado el éxito.

Todos conocíamos a Facundo Cabral como cantor, nada es más cierto. Pero pocos sabíamos del misticismo de aquel personaje que, más que cantar, lo que hacía era orar sobre los escenarios; oraciones que le dieron mucha más categoría y caché que sus propias canciones. Cabral se movía entre el humor, la chanza, el misticismo, el hedonismo, la sátira social, el cristianismo, valores todos que le convirtieron en un personaje único en el mundo.

En los últimos treinta años de su existencia, Cabral resultó ser el único cantor al que acudían a verle sobre los escenarios, no para que cantara, pero sí para que mostrara, en el fulgor de sus oraciones toda la sabiduría que el Señor le había enseñado por el mundo.


Un cantor llamado Facundo Cabral

Teniendo una vida apasionada por las circunstancias que rodeaban a Cabral, una existencia que hizo felices a los demás para satisfacción suya y, por encima de todo, para que millones de personas fueran dichosas por el mundo. Así fue su vida hasta que llegó aquel 9 de julio de 2011 en que, un asesino, incapaz de amar la vida, le disparó a quemarropa toda una balacera que acabó con su vida.


Sencillamente, Facundo Cabral, inmortal

Mataron el cuerpo de Cabral, el mismo que él confesaba cuando estaba enfermo y que decía: “Yo estoy bien, es mi cuerpo el que está mal” Lo dicho, mataron su cuerpo, pero su alma sigue viva, lúcida y, lo que es mejor, descansando en la eternidad, de ahí la inmortalidad de tan célebre cantor.

Facundo sigue vivo porque nos dejó su obra inmortal; sus libros, sus discos, sus canciones, sus metáforas inigualables. Toda una obra que pese a todo vivirá eternamente. Como Facundo diría, mueren todos, menos los cantores, razón por la que el espíritu de Cabral nos sigue conquistando día tras día.

 
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  Autor: Cristina Gálvez 22/05/2018
  ¡FELÍZ CUMPLEAÑOS! Amado Facundo...

¡Gracias Luis!, por recordarlo siempre.

Un abrazo.

Cris