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Autor: Pla Ventura
21/11/2018
ESA OBRA DE ARTE LLAMADA VIDA

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os solía decir a menudo Facundo Cabral que la vida era un regalo extraordinario que nos hacían a todos al nacer y, a su vez, el pensador argentino decía que no entendía que nadie no fuera feliz en tan bello planeta, aferrándonos todos a ese regalo maravilloso que es la vida. Tenía razón Facundo Cabral, como siempre que esgrimía su palabra ante sus “fieles” acólitos que le esperaban para que cantase y se extasiaban cuando hablaba.

Siendo así, cerramos los ojos, miramos en cualquier esquina y vemos a millones de personas desdichadas porque así lo han decidido, porque no saben discernir entre el bien y el mal; incluso millones de parejas de matrimonios son capaces de seguir destruyéndose unos contra otro sin percatarse de ese regalo que les dieron al nacer: Vida, pero una vida para vivirla y gozarla, nunca para destrozarla y malvivirla. 

Todos, de alguna u otra manera, con toda seguridad hemos escuchado a un semejante lamentándose de su propia existencia pero, en vez de lamentos, lo que deberían de hacer es poner soluciones a su propio conflicto existencial; la vida, como tal, lo repetiré hasta la saciedad, es un bello regalo que nos ha hecho Dios, razón por la que nadie medianamente sensato puede comprender que muchos la destruyan en su propia autodestrucción.

Muchas veces, ante la sociedad humana, hasta he llegado a pensar que una gran mayoría de las gentes quieren estar mal para contarlo, para darle sentido al victimismo de los imbéciles cuando, en ese envite, están desperdiciando un tiempo vital que jamás volverá; que pasemos días, semanas, meses, años llenos de desdicha por nuestra culpa, eso dice todo del propio ser humano. Si cada día, por Dios, al levantarnos, todos deberíamos darle gracias al destino porque cada día es una buena noticia y, mucho más si esa vida se desarrolla con salud, trabajo y amor.

Entiendo a los que sufren por miles de causas ajenas a su voluntad, pero aborrezco y detesto a esos miles, yo diría que millones de insensatos que prefieren el victimismo del dolor que ellos mismos se generan, antes que la posibilidad de ser felices que la vida les entrega. ¿Habrá cosa peor que el mismo ser humano, de forma concreta aquellos que no razonan ni entienden? Que responda todo el que pueda.Me han hecho confesiones terroríficas, hombres y mujeres, de todo tengo en mi anaquel de “archivos” del alma. Mi consejo siempre ha sido el mismo para todos. “El tiempo que pierdas ahora en la infelicidad, todavía lo pagarás mucho más caro tras tu muerte”

La vida es bella, perfecta, hermosa y, para colmo, los grandes placeres de la vida son gratis; ese río caudalosa que nos emociona con su sonido único e irrepetible; esa puesta de sol increíble; esa luna hermosa que, hasta nos guía nuestros pasos por la noche; esa montaña nevada que nos reserva el agua; esos millones de árboles que nos dan vida; incluso el mismo hecho de hacer el amor, un placer inenarrable, es lo más gratuito del mundo y, para colmo, ante todo lo dicho, se nos pasa la vida y no nos damos cuenta. Como decía Cabral, “perdona hermano que no entienda que no seas feliz en tan bello planeta con esta vida que pura fiesta”

Tras tantos años de peregrinar por el mundo he llegado a una triste conclusión. Tras lo sabido y contemplado al respecto de muchos seres humanos, muchos, al morir en su lápida no deberían de poner su nombre puesto que, existe una frase que valdría, desdichadamente, para millones de seres humanos fallecidos: AQUÍ YACE UN IMBÉCIL QUE DESPERDICIÓ LA VIDA.

La gente, en su desesperación, hasta se aferran buscando psicólogos para que les ayuden cuando, como se sabe, la solución la tienen dentro de casa; es más, dentro de sí mismos. Se trata, nada más y nada menos que encontrar al culpable que todos andamos buscando, razón de nuestra infelicidad.

He conocido personas que se pasaron años de su existencia buscando ese culpable maldito que les hacía la vida insoportable y, ¿saben algo? Les llegó la felicidad el día que descubrieron que el culpable lo tenían dentro de sí mismos, a partir de ahí empezaron a tomar soluciones y, tras dicha disyuntiva, muy pronto comprendieron la grandeza de su propia existencia para vivir de forma placentera ese regalo extraordinario al que llamaos vida.

Desperdiciar la vida debería de estar tipificado en el código penal como uno de los más grandes delitos; es cierto que no habría cárceles en el mundo para albergar a tanto “delincuente” pero, me cabe la seguridad de que, de estar penado ser infeliz, muchos pondrían la solución adecuada antes que ir a la cárcel.

 
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