Plumas invitadas
Las fábulas de Pla Ventura
Entre lo Divino y lo Pagano
Frases célebres
Noticias
videos de Facundo Cabral
 
 
Autor: Pla Ventura
24/05/2019
¿QUÉ ES LA FELICIDAD?

L

a pregunta al respecto de la felicidad podría ser obvia pero, en los tiempos que vivimos hablar de felicidad son palabras mayores puesto que, la sociedad actual, desde la cuna hasta la tumba, la gran mayoría quieren ser infelices al dictado de las malditas normas que establece la aberrante sociedad en que vivimos.

Tras tantos años observando la actitud de las gentes, su comportamiento, sus formas abstractas de vivir en todos los órdenes, es muy fácil adivinar que la felicidad no existe o, en su defecto, la sociedad no ha sabido encontrarla, sencillamente porque nadie decide por sí mismo; todos esperan que les dicten la lección para asimilarla pero, ¿tú cuando decides? ¡Nunca! Sería la respuesta correcta.

Si uno no es capaz de decidir raramente podrá ser feliz. Es dantesco que, por ejemplo, en la actualidad sean los grandes centros comerciales los que deciden una fiesta, una algarabía, un festejo de la índole que fuere. Es penoso que la gente viva de cara a un maldito teléfono con el que le han limpiado el cerebro para que no decida, por ende, que no sepa discernir entre el bien y el mal. ¿Con semejantes métodos queremos ser felices? Ni por asomo.

Ahora hay más psicólogos que nunca, incluso más psiquiatras porque el mundo ha enloquecido y no de placer precisamente. La depresión es la enfermedad de los insatisfechos, la cirugía plástica el refugio de los que no quieren envejecer retando a la propia vida y los falsos amigos la manera de evadirte de la realidad que te rodea. Deja que te diga, amigo querido, que lo tuviste todo para ser feliz pero te perdiste en la vulgaridad de la nada, en el vacío de lo irreal sin tener el valor de mirar dentro de ti mismo que, sin duda, ahí pernocta tu peor enemigo.

Al respecto de la felicidad, recuerdo las declaraciones del gran Jorge Luís Borges en los últimos días de su vida y me pongo a temblar cuando Borges dijo: He cometido el peor de los pecados, no fui feliz” Y lo confesaba un sabio. Siendo así, ¿qué será de nosotros pobres aprendices de la vida?

Lo triste es que pase la felicidad por delante de nosotros y no sepamos comprenderla y, lo que es peor, disfrutarla. Todos, de una u otra manera, hemos tenido momentos, los tenemos a diario para ser felices, pero si buscamos la felicidad dentro de los grandes almacenes comprando aquello que no necesitamos y, en muchas ocasiones, con dinero que no tenemos, es entonces cuando nos vence el hastío, por tanto, la infelicidad.

Decía la mamá de Facundo Cabral que descubrió la felicidad el día que encontró el árbol grande en que se sentaba junto a la verdad para poder leer un libro, algo que hacía a diario. ¿Habrá sentencia más bella en este mundo al respecto de la felicidad como el ejemplo que nos ha dado Sara? El árbol grande, como ella decía, lo tenemos todos y está junto a la vereda de nuestra vida; pero no, preferimos la maldita tecnología que nos impide hasta respirar para luego quejarnos de que somos infelices.

En la sociedad actual, al menos así me lo parece, tengo la sensación de que todos pretendemos tener un arbusto frente a nosotros para que éste nos impida ver la grandeza absoluta y maravillosa del propio bosque. Una necedad en toda regla en la que lo pagamos carísimo.

Ese bosque aludido, la risa contagiosa de un niño, el libro que tenemos en la mesita, el abrazo a un amigo, el beso a la mujer amada, el entrañable afecto de la propia familia; lo tenemos todo para ser felices pero nos distrae el ego del querer ser lo que no hemos podido ser, la envidia estúpida hacia el que ha tenido grandes logros que deberíamos de admirar; pero no, envidiamos cuando deberíamos de pensar el precio que ha pagado, lo que le ha costado al vecino llegar hasta lo más alto; nada es gratuito en la vida pese a que, en la actualidad, esas corrientes mortecinas basadas en el cruel comunismo nos quieren hacer ver que todo nos lo tienen que dar sin el menor esfuerzo. Recordemos que, sin esfuerzo no hay riqueza y mucho menos felicidad.

Si la criatura humana no es capaz de decidir para crear, siempre, esperando que les llegue todo aquello por lo que no han luchado, la desdicha está asegurada. Es cierto que, la sociedad actual ha creado miles de maneras y argumentos para que la gente no sea feliz, de ahí el éxito que muchas empresas tienen porque no hay nada mejor para muchos negocios que tratar con la gente infeliz que, dada su inseguridad, éste es el detonante para llevarles hacia donde los demás quieran, abocándoles, en dicho envite, a la infelicidad aludida.

Hace pocas fechas me encontré con un señor al que tengo que darle el calificativo de amigo porque así me lo ha demostrado muchas veces, sencillamente por la grandes lecciones que me aporta a diario. Se llama Agustín y suelo conversar con él algunas veces. Tiene ochenta y cinco años. Me dice muchas frases lapidarias pero, entre todas, la que más me impacto no fue otra que cuando me confesó que ha sido feliz en la vida. ¿Qué tiene? Diría el otro. Tiene lo que todos anhelamos y pocos encontramos. ¡La felicidad!

Dejémonos de prejuicios y entendamos que la felicidad no es una imposición, es un deber sagrado que nos compite a todos. Sin duda alguna que todos tenemos la felicidad al alcance de la mano, pero no lo sabemos; todos tenemos el deber de ser felices como decía, pero preferimos distraernos en lo absurdo, en lo banal, si acaso para luego poder lamentarnos.

El mundo está muy mal por miles de razones pero, lo que se dice la felicidad, la que podríamos encontrar en cualquier esquina porque es barata, somos nosotros, los humanos, los que la encarecemos para que no podamos pagar su justo precio que es la nada. Al paso que vamos será más sencillo encontrar una aguja en un pajar que una persona feliz.

 
  Nombre
  Email
 
  Comentario
 
INSERTE EL CÓDIGO para activar su opinión
CAPTCHA Image
código:     ((Pincha si no puedes leer el código))

 
consulta y respeta las normas de uso